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martes, 19 de enero de 2016

EL OSO PARDO EN ESPAÑA (II).




Que la convivencia de los humanos con ciertos animales presenta mayores dificultades que con otros, es un hecho indiscutible, algo que se viene produciendo desde nuestro mismo nacimiento como especie.
Sin embargo, y llegados al punto de desarrollo y comprensión actual del que gozamos con respecto al medio en que vivimos, estamos en la obligación de hacerla posible buscando los caminos necesarios y más acordes para ello, consiguiendo así legar buena parte de este rico tesoro evolutivo a las generaciones que nos sucederán.
Para preservar este legado manteniendo su esencia, no basta pues con reducirlo al límite, quedando siempre en la cuerda floja, o relegarlo a la nada en unas cuantas hectáreas tras los barrotes o cercados de un particular centro penitenciario para indeseables que nos estorban.
Luchar, apostar porque la imagen de estas especies no quede de inmediato vinculada a la que abre hoy portada aquí, implica propuestas de consenso y de trabajo, por parte de todos, pero también determinación, firmeza y apuesta de las administraciones.
Resulta muy difícil plasmar todas las medidas o visiones acerca de la cuestión en las líneas de tan limitado artículo, pero no por ello puedo dejar de intentar abordar algunas de las que, en mi opinión, tendrían que tenerse en cuenta para lograr ese objetivo, referido en este caso al oso pardo en España.



El principal escollo a salvar para mantener y recuperar al oso pardo en España pasa por entender que, aun de manera muy ocasional, éste puede llegar a suponer cierto peligro para el hombre, y ese “peligro” no sólo se concreta en un eventual encuentro en la naturaleza, si acaso el animal se sintiera acorralado o creyera en peligro a sus crías, sino que principalmente se hace patente en las ocasionales, y también hay que decirlo, mínimas o testimoniales pérdidas que genera entre la cabaña ganadera, particularmente entre el ganado ovino de montaña.
Respecto al primer caso, tan sólo se han registrado seis ataques de osos a humanos en España a lo largo de los últimos veinticinco años, y todos ellos llevaban como coincidencia que el animal se sintió acorralado por humanos. En ninguno de los casos se produjo muerte, sino arañazos o rasguños que, dentro del mal, no pueden tomarse como grandes tragedias si se comparan, por ejemplo, con sucesos acabados en muerte si hablamos de jabalíes, o decenas de casos ocurridos entre los propios cazadores o incluso con viandantes que nada tienen que ver con ésta práctica, que han finalizado en desgracias, algo que estamos acostumbrados a escuchar repetidamente todos los años, siendo por tanto infinitamente más peligrosa esta actividad para el propio humano que la existencia del oso, si nos ceñimos estrictamente a los números y porcentajes.
Cabe destacar que, además, estos ataques excepcionales se han producido precisamente en las dos zonas con menos osos del país, en el núcleo oriental cantábrico, y el Pirineo, mientras que en la zona occidental cantábrica, donde se concentra el grueso de la población ursina, la convivencia ha resultado modélica, sin incidencia alguna.
Con respecto a los ataques al ganado, si ya pueden considerarse los del lobo como irrelevantes, por no alcanzar ni el 1% del total las bajas, en el caso del oso son simplemente anecdóticos, y lógicos, lo raro es que no se produzcan más, atendiendo al nulo cuidado que procura la mayor parte de este sector ganadero, que en buena parte del país mantiene a las reses en extensivo sin vigilancia alguna, en estado de semilibertad, en las áreas de mayor calidad medioambiental del Estado, incluidos los parques nacionales.

Ganado en semilibertad, sin protección, en Parque Nacional de Aigües Tortes (Lleida).

De cualquier modo, en contadas ocasiones el oso depreda contra el ganado, y sus ataques son indemnizados por el Estado cuando se comprueba, con mayor o menor celeridad, pero cabe matizar que incluso dentro de estos ataques, muchos quedan computados como tal cuando los osos lo único que han hecho es aprovechar las carroñas de los animales muertos por otras circunstancias, como despeñamientos, enfermedad o vejez, e incluso muchas voces señalan cómo, al igual que sucede con el lobo, los animales son depositados en ciertas zonas por sus dueños cuando esto ocurre para que presenten las marcas de consumo de predadores y puedan ser cobrados como “daños por ataque”.
También los apicultores pueden verse damnificados por la presencia del oso, al que si no se pone trabas, puede acceder muy gustoso a las colmenas para extraer la miel causando pérdidas y desperfectos, aunque últimamente es un tema muy superado al que basta con procurarle una mínima protección, que en buena parte de los casos es también subvencionada por las administraciones de los distintos territorios.

A la vista de todo ello, y ya profundizaremos algo más en posteriores artículos, nadie niega que los limitados efectos negativos para los intereses de ciertos colectivos deben ser atendidos, siempre y cuando se compruebe que se cumple con las normas de convivencia y sostenibilidad para con las especies salvajes, como ocurre con cualquier otra actividad que pueda entrar en conflicto con el Medio Ambiente.
Lo que sí deberíamos tener también presente es que el interés general de una Nación, que quiere preservar sus valores y potenciales naturales, debe estar entre las prioridades de actuación.
Conservar y recuperar al oso pardo y su hábitat en España, es un derecho y obligación para con los cuarenta y seis millones de habitantes del país.
¿Cómo superar pues la barrera de un puñado de osos acantonados en la Cordillera Cantábrica y unos cuantos ejemplares al filo de la navaja, contados con los dedos de las manos, en el Pirineo?.
Doscientos quince o doscientos veinte osos, ésta es la cifra total de la especie en unos pocos e insuficientes lugares de España, y con ello, de ningún modo garantizamos la existencia prolongada en el tiempo para las generaciones venideras.


Para abordar el tema, me gustaría comenzar a desmitificar aquello de que ciertos animales ya no pueden tener cabida en nuestro tiempo, con un ejemplo que proviene del otro lado del Océano, y del que es, por excelencia, el país más desarrollado o puntero del planeta; los Estados Unidos de América.
Florida, estado norteamericano con una población de 20 millones de habitantes y poco más de 170.000 km2, albergaba entre 300 y 500 osos negros (más similares en tamaño y costumbres como ya explicamos a nuestros osos pardos) en la década de 1970.
Pasados cuarenta y cinco años de protección, conservación y recuperación de la especie, los responsables del programa han decidido autorizar la inclusión de la especie en el listado cinegético, con un cupo de 320 ejemplares a abatir, por haber aumentado la población ursina hasta la cifra de más de 3.000 ejemplares en la actualidad.
En España, por hacer una comparativa, podríamos contar Andalucía, Extremadura, Comunidad Valenciana, Comunidad de Madrid, y Región de Murcia, y obtendríamos un total de 171.450 km2, con una población de poco más de 22 millones de habitantes, es decir, números muy similares al caso de Florida.
El resultado de la comparativa es abrumador. Más de tres mil osos en el estado norteamericano, cero ejemplares en el caso de la suma de los distintos territorios españoles mencionados…

Si tomamos los casos de Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco, Rioja, Castilla-León, Castilla-La Mancha, Navarra, Aragón y Cataluña, obtendríamos 321.000 km2 para algo menos de 21 millones de habitantes, es decir, que nos saldrían casi dos estados de Florida y con la mitad de habitantes cada uno, que albergarían un total de 220 osos…Comparados con los más 3.000 que tiene el estado norteamericano, resulta una cifra más que ridícula o testimonial.

Como sucede en el caso del estado norteamericano, los territorios nuestro país presentan zonas de mayor concentración humana, y otras de muy baja densidad.
Es evidente que el potencial de España para albergar mejores poblaciones de oso pardo en hábitats adecuados, es muchísimo mayor que lo aceptado y trabajado durante estos últimos cuarenta y tres años de protección y recuperación para la especie.
Y no faltan, ni mucho menos, esos espacios adecuados, pues con un mínimo de recuperación del hábitat, se encontrarían aquí territorios muy propicios para la coexistencia con la especie.
Pero hace falta determinación de las administraciones para creer en el oso y su recuperación, en su compatibilidad, en su riqueza como legado natural para el futuro, de eso no cabe ninguna duda.
No vale con aquello de dejar que la especie se recupere por sus propios medios (ya hemos visto los resultados en cuarenta años, y gracias a ONG como FAPAS, que si no…) y esperar que prospere recuperando territorios por su cuenta, atendiendo al rechazo social.
Rechazo va a haber siempre, para cualquier acción de conservar el medio y sus especies, lo que no puede suponer impedimento ni excusa para no trabajar de manera firme y decidida para presentar las virtudes o beneficios que puede conllevar el potenciar zonas a través de la calidad medioambiental al completo, y la obligación y compromiso que las áreas mejor conservadas deben asumir.


Actualmente buena parte de las cadenas montañosas del interior de España están prácticamente deshabitadas. Emigró la población rural a las ciudades, en la mayoría de los casos, y poco a poco la naturaleza ha ido reclamando su parte, recuperando muchas zonas hoy casi “salvajes”, o de gran potencial y proyección medioambiental.
Pero el oso, no puede llegar sin ayuda, sin nuestra ayuda.
No se trata, por tanto, de recuperar al oso “en La Castellana, en las Ramblas, en la Gran Vía, o en Triana”…es evidente que hay que contar con los espacios de hoy en día que son más acordes a lo que siempre fue su hábitat.
¿Y cuál es el número de osos adecuado para cada zona?. Evidentemente, éste es un tema más delicado que cabe estudiar en profundidad, compaginando recursos para el oso e intereses y números de las poblaciones humanas del territorio a tratar.

La misma trayectoria en la evolución reciente de la distribución histórica del oso en España viene a coincidir, casi al milímetro, con los espacios actuales que hoy deberían ser tenidos en consideración, de forma prioritaria.
Si en la Cordillera Cantábrica Occidental se convive muy bien, sin traumas, con alrededor de ciento ochenta osos, que comienzan a expandir territorio, no existe problema desde la teoría para que en la parte Oriental puedan vivir al menos cien osos más, no siendo nada fuera de lo normal el que la Cordillera, en su conjunto, pudiera albergar qué menos que 300 osos intercomunicados.
Del mismo modo, el Pirineo y el Prepirineo suman casi el doble de extensión que la Cordillera Cantábrica, si bien en líneas generales, y al menos en la parte española, no presentan a priori la misma calidad de hábitat que aquella, aunque bien que fueron poblados hasta hace poco, que los exterminamos.

Reserva Nacional de Caza de Freser-Set Cases (Girona).

De cualquier modo, doscientos ejemplares para la zona sería con toda seguridad un número totalmente aceptable en el territorio, incluida la parte francesa.
Dos núcleos más quedan como potenciales zonas oseras norteñas a recuperar en el corto o medio plazo, el entorno galaico-leonés y el Sistema Ibérico Norte.
Por extensión, calidad del hábitat y población humana, el núcleo galaico-leonés, desde Trâs Os Montes de Portugal hasta la Sierra de la Culebra zamorana, pasando por Sierra do Xurés, Macizo Central Ourensán, Serra do Eixe, Peña Trevinca, Teleno, Sanabria y Cabrera, perfectamente podría contar con su población osera; ¿por qué no otro contingente de no menos de cien ejemplares?, que además, quedarían conectados con los de la Cordillera Cantábrica por las sierras de Courel y Ancares.
El último núcleo del norte sería el de las sierras de La Demanda, Picos de Urbión, Sierra de Cameros y Cebollera, con extensión a Moncayo, en el Sistema Ibérico Septentrional.
Un reciente estudio de Geoinnova, asociación sin ánimo de lucro creada en 2009 por profesionales del medio ambiente y el territorio, que tiene como objetivos desarrollar su actividad en los ámbitos de la Formación, Educación Ambiental, Turismo Sostenible, Consultoría Ambiental y Cooperación Social y Territorial, ha presentado los resultados de hábitat potencial para el oso en España, que pueden ustedes encontrar fácilmente en Internet.
En él se evalúan distintas variables como datos altitudinales, temperaturas, vegetación/refugios y alimentación, a partir del hábitat actual del úrsido en el país, dando como resultado que además de la Cordillera Cantábrica, el Pirineo, Prepirineo y Montes de León, la zona con más posibilidades para albergar osos, en igualdad de probabilidades que las mencionadas, es el Sistema Ibérico Septentrional, en concreto la Sierra de la Demanda y los Picos de Urbión. 
Este sistema de predicción de potencialidad de hábitat ofrece, además, dos conectores o corredores de unión, uno entre la Cordillera Cantábrica y el Pirineo, a través de los Montes Vascos en su vertiente eurosiberiana, y otro más débil dese la Cordillera Cantábrica al Sistema Ibérico Norte.

Atendiendo a la extensión de éste último núcleo, la zona podría albergar posiblemente alrededor de cincuenta ejemplares, que siempre encontrarían, si se le facilitara, una conexión con la población norteña, que a su vez podría quedar bien enlazada desde Tras Os Montes, en el norte de Portugal, hasta al menos El Canigou, en el Pirineo Oriental francés, muy cerca ya del Mediterráneo, con un total aproximado de entre 650 y 700 osos, lo que verdaderamente iría en la línea de procurar una pervivencia en el tiempo de la especie, saliendo de la constante amenaza del riesgo de extinción.

Distintas zonas potenciales para establecer núcleos de hábitat para el oso en la península Ibérica.

Pero si miramos aún a más largo plazo, y si de verdad se quiere seguir trabajando por recuperar nuestra fauna, estoy plenamente convencido de que el oso podría habitar más espacios en España, tanto por hábitat, como por baja conflictividad con el hombre.
Entre estas zonas a recuperar para el oso encontraríamos con muchas posibilidades al Sistema Ibérico Meridional, que a través de la serranía de Cuenca, Los Montes Universales y de Albarracín, el Alto Tajo, Javalambre y el Maestrazgo, al menos el colindante con la Sierra de Gúdar, podría facilitar un territorio muy extenso y marcadamente despoblado, que albergara otros cien osos.
Este gran núcleo quedaría un tanto aislado, aunque podría llegar a conectar por el norte con el sistema Ibérico Septentrional.
Más difícil parece a priori el asentamiento del úrsido en la Sierra de Guadarrama, por la cercanía de muchos núcleos habitados por el hombre, lo que una vez más nos lleva a replantearnos si se eligen bien las declaraciones de Parques Nacionales, cuyos criterios quedan a veces un poco alejados de lo que son territorios verdaderamente merecedores de ser conservados como grandes áreas naturales capaces de albergar a toda la fauna representativa, pasada, presente y futura.
No tendría en cualquier caso problema el oso en conectar un supuesto corredor desde el Maestrazgo hasta la sierra de Gredos, si el hombre se lo permitiera.
En el sur la cosa se complica, puesto que el territorio se encuentra mucho más humanizado y fragmentado por barreras o impedimentos para la conexión de los osos.
Parece que la Sierra de Cazorla y Segura, con su extensión hacia Alcaraz y Calar del Mundo, sería con toda probabilidad uno de los mejores territorios para el oso sureño, tanto por hábitat como por baja densidad poblacional humana, mientras que Sierra Nevada presentaría bastantes más dificultades, al igual que Sierra Morena o las cordilleras del Sistema Bético.
En cualquier caso, y aunque podría encontrarse la viabilidad para algún núcleo en el sur con números más modestos, el futuro de los osos sureños sería complicado sin la creación o adaptación de corredores de contacto con las poblaciones del centro y norte.

Reserva de la Serranía de Cuenca.

Hemos visto ya un poco por encima cuál fue la situación pasada del oso, cuál es su situación actual, qué factores enmarcan la problemática para su recuperación, y qué actitud y programa debería de llevarse a cabo para recuperarlo de forma efectiva. Pero, ¿por dónde empezar?.
Existen tres primeros puntos a conseguir en plazo inmediato, sin excusas, aquellos que deberían haberse logrado hace ya mucho tiempo.
El primero de ellos, solucionar de una vez por todas el problema del efecto sumidero que supone el núcleo oriental cantábrico para el oso, algo del todo inconcebible a estas alturas. El segundo, lograr la conexión estable de los núcleos occidental y oriental cantábricos, en la zona centro de la cordillera.
El tercero, sin ningún tipo de excusa ni demora, proporcionar hembras a los dos osos del núcleo occidental pirenaico para evitar la desaparición del plantígrado en esta zona emblemática de gran tradición osera, con hábitat excepcional para la especie.
Insistir y trabajar en la concienciación y en la aceptación del oso en estas zonas es importante, pero no podemos obviar que esta concienciación se está llevando a la práctica desde hace más de treinta años, por lo tanto, la estrategia queda coja, sin visos de solución si sólo se apuesta por esta vía. Podrían pasar doscientos años, y seguir en las mismas, de este modo.
Hace falta determinación, valentía, apuesta, decisión. Es preciso aumentar la guardería y hacer ver que no hay otra, que el oso forma parte de estos territorios como algo indisociable al entorno, desde hace cien mil años, y que quien quede enfrente de él, sin asumir coexistencia, estará atentando contra el medio de todos, como sucede a cualquier otro ciudadano que tiene sus restricciones en otras partes del país con respecto a hacer lo que le venga en gana contra los valores patrimoniales de un entorno que no es suyo, sino compartido con el resto de la Nación.
Y algo que ya me habrán escuchado comentar muchas veces, por cada oso abatido o desaparecido, dos nuevas sueltas…No hay otra.
Navarra y Aragón tienen una deuda pendiente con ese patrimonio esquilmado que es el oso, que ya no puede demorarse más.
Sus preciados tesoros naturales pirenaicos no son tales en tanto en cuanto no recuperen de forma efectiva al auténtico estandarte, al verdadero sello de calidad ambiental del territorio.
También Francia debería coordinar la acción para asumir su compromiso con la especie, liberando nuevos osos a lo largo de la cadena pirenaica. La zona central ha asumido su parte, llega el momento, pues, de que también lo haga el resto.
El reto, conseguir en diez años otros tres núcleos oseros de 30 osos en el pirineo.
El primero, de la selva de Irati al Somport, incluida la parte francesa. El segundo, del Somport al Valle de Arán, y el tercero, del Pallars y Andorra al Canigou.
Si las cosas se hacen como se deberían hacer, en diez años se habría conseguido estructurar una población conectada de alrededor de ciento cincuenta osos.
Si en el Valle de Arán, Pallars Sobirà y Cousserans, han sido capaces, el resto también está en la obligación de hacerlo posible.
Turismo y Medioambiente deberían unir actuaciones a fin de calificar públicamente a las distintas comarcas con una puntuación de calidad, para que todo ciudadano las tuviéramos bien presentes a la hora de decidir dónde planificar nuestra visita. Arán y Pallars no pueden ni deben quedar a la misma altura que aquellas otras que, a todas luces, están por debajo respecto a esa calidad y compromiso con el patrimonio de todos

Hábitat osero en el Valle de Arán.

Trabajando más a medio plazo, pero desde ya mismo, queda el resto de zonas que hemos acotado para el resto del país.
Aprovechar los recursos cinegéticos de un territorio es algo que se puso en marcha desde hace más de cuarenta años a través de la creación de las Reservas y Cotos regionales y nacionales, como motores revitalizadores y dinamizadores de las comarcas en las que se pusieron en marcha.
Sin embargo, la gestión desde entonces ha ido encaminada principalmente a trabajar sobre una o dos especies en cada reserva, cas de forma industrial o empresarial, dejando de lado un aspecto fundamental, que sirvan también al medio ambiente de un país.
Es inconcebible que como contrapartida a esta actividad y beneficio, no se haya contemplado como prioritario en ellas, desde un principio, la presencia de los grandes predadores que deben regular y mantener sano el ecosistema, con independencia de que incluso, en un futuro, con una situación más boyante, menos agónica para éstos, pudieran, como el resto de las especies de las reservas cinegéticas, pasar a formar parte en alguna medida de ese mismo entramado.
Por tanto, son las reservas y cotos nacionales de caza, auténticos santuarios naturales bien conservados y vigilados de forma pública, con el dinero de todos los contribuyentes, los espacios que, junto a los parques nacionales y ciertos parques naturales, deben empezar a contar desde ya, y sin excusas, con los grandes predadores de España.

Bosque en la Sierra de Gúdar, Maestrazgo de Teruel.

Para el caso del oso, en Galicia deberían tenerse muy presentes el Parque Natural de Invernadoiro y la Reserva de Ancares, en León y Zamora el Parque Natural de Sanabria y la Reserva de La Culebra. En Soria y La Rioja, las reservas de Demanda, Ezcaray, Cameros y Urbión. En el Pirineo, la reserva Integral de Irati, y las reservas de caza de Los Valles Visaurín, Anayet, Viñamala, Los Circos-Benasque, Cadí, Cerdanya y Freser-Set Cases, también los parques naturales de Guara, Possets-Maladeta, Alt Pirineu, así como los parques nacionales de Ordesa y Aigües Tortes i Sant Maurici. En Burgos, el País Vasco y Navarra, zonas habilitadas como corredor, los parques naturales de los Montes Obarenes, Gorbea, Aralar, Urbasa y Andía.
En el Sistema Ibérico Meridional, las reservas de la Serranía de Cuenca y Montes Universales, muy importante la creación de una figura que conlleve cierta protección ambiental a la riqueza ambiental de Gúdar y Maestrazgo, que actualmente carece de ella, para conectar con la espléndida reserva de Los Puertos de Beceite.
Por último, analizar las posibilidades de la zona centro, en las reservas y parques nacionales naturales, como Gredos y Guadarrama, así como buenas áreas del sur, principalmente el parque natural y coto nacional de Cazorla, Segura y Las Villas.



La Nueva Ley de Reintroducción de Especies Extintas en España es una oportunidad, un marco perfecto para abordar, de una vez por todas, la recuperación del oso en el país.
¿Se quiere o no se quiere?...










Crédito de imágenes:

La imagen del mapa de posibles zonas oseras está trabajado por el autor del blog a partir de un archivo libre de derechos de Wikimedia Commons.
El resto de imágenes de la entrada son fotografías de Miguel Llabata.

7 comentarios:

  1. Mi más sincera enhorabuena por estas entradas sobre el oso pardo ibérico.
    Cierto que no me atrevería a calificarte como "simple aficionado" de estos temas (que por conocimiento no lo eres) pero no dejo de pensar en que si tú has podido pensar un "plan general" que suena también ... ¿por qué a nadie de la administración que vive de nuestros impuestos se le ha ocurrido algo semejante ha pedido una buena cantidad de fondos europeos (que somos verdaderos expertos en conseguirlos para un montón de cosas) y a continuación trabajar duro para ir solucionando los problemas prácticos que aparezcan?
    Creo que la respuesta la sabemos todos, mejor mantener el statu quo de la fauna que no molesta a nadie y permite seguir dando la matraca con lo de "está al borde de la extinción, más dinero" en lugar de trabajar para solucionarlo.

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  2. Hola D.E.L.
    Veo que siempre estás por aquí al pie del cañón, y eso me alegra.
    Desde luego que habría mucho que analizar en ese sentido que planteas, pero de cualquier modo, lo que está bien claro es que en un gran porcentaje de los casos la conservación y recuperación de la fauna amenazada de España, desde hace ya alrededor de cuarenta años, ha sido un fracaso bastante sonoro, por no decir otra cosa.
    Esperemos que algún día esto llegue a cambiar, creo que la Naturaleza del país merece mucho más de lo conseguido hasta hoy.

    Saludos, y hasta la próxima.

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  3. me ha gustado mucho. Un punto voluntarista pero es lo más completo y sensato que hay en la red sobre la futura evolución del oso en España. De hecho, este año, el oso está dando sorpresas en Galicia y Zamora, impensables hace menos de dos años. Saludos cordiales.

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    1. Hola Vilanova. Bienvenido y muchas gracias por participar.
      Me alegra que te haya gustado. Ojalá gustara también a quienes tienen la capacidad y autoridad para hacerlo posible. A poquito que se trabajara en ello, recuperaríamos verdaderamente a una especie al límite que puede tener, sin embargo, muchas posibilidades en nuestro territorio.

      Saludos.

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  4. Recientemente asistí a una conferencia sobre el oso pardo que impartía la Asociación de financiación privada que lo gestiona.
    Tres apuntes:
    1- El oso pardo español actual es pequeño y huidizo. Ha sobrevivido mejor en las zonas fuertemente humanizadas. Explicación: es muy carroñero. En Asturias se tiran las reses muertas a los barrancos y allí las encuentran los osos tras la invernada, ávidos de proteínas. Muchos daños a colmenas son para devorar las larvas (y de paso la miel).
    Parece que ha habido una selección genética secular, eliminando vía caza los más osados, grandes y/o agresivos.
    2- La concienciación de la comunidad rural y el rápido pago de la indemnización en su caso ha sido vital.
    3- En el caso de la población oriental, la población no crece (pese a los elevados fondos europeos:-deberían explicar los políticos el por qué de un buen funcionamiento en la zona occidental y la mera subsitencia en la oriental) por la confluencia de intereses. La fallida estación de esquí de San Glorio es una remora, pues el oso sería un freno importante para otros intereses, aún cuando dicha estación no sea posible ya.
    3- En Asturias se recogen 7000 reses muertas al año. La mayoría vacas. Estas recogidas son gestionadas por una empresa que tras quemar medula y espinazo, aprovechan el resto para piensos, parece que para animales domésticos. Esto casi imposibilita el aprovechamiento de parte de las reses para alimentación de lobos, osos, y demás especies.

    Bueno, esto que cito, fue dicho en la citada conferencia (y más al final y en pequeño grupo, se dijeron cosas aún más interesantes)

    Ponte en contacto con ellos para poder completar tu blog ya que es un tema que te interesa. Yo no soy para nada experto en el tema, simplemente un mero interesado en la conservación y me limito a transmitirte la información recibida, que repito, no es mía. Pero aprovecho para intentarte animar a que sigas investigando y planteando alternativas.

    Saludos y ánimo.

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    1. Hola Pivo, bienvenido al blog, y gracias por comentar.

      Estoy al tanto de todo lo que comentas, y sobre los informes y actividades de FAPAS, probablemente más de lo que imaginas, o cuando menos lo suficiente para tener bien formada una idea.
      No sólo yo, sino muchos de los interesados en estos temas, sabemos, conocemos y entendemos perfectamente lo que ocurre con el oso en España, y los casos particulares de la Cordillera Cantábrica Occidental y Oriental, así como el del Pirineo, temas de censos, Lifes, indemnizaciones, negocio de las retiradas y gestión de carroñas a raíz de la prohibición (en su momento) de abandono de éstas en el monte por parte de la UE, etc.
      Pero para abordar la recuperación del oso más allá de lo mantenido en el alambre hasta ahora, a nivel rewilding peninsular, es necesaria otra concepción muchísimo más ambiciosa, que no fácil ni muy realista, por desgracia, y que pasa sí o sí por el cambio total de visión, responsabilidad e implicación de las distintas administraciones, en lo que debería ser una OBLIGACIÓN para con la riqueza medioambiental o natural de una Nación, patrimonio no sólo de sus más de 40 millones de habitantes, sino del mundo entero.
      Sé que a día de hoy esto es poco menos que una mera utopía, y sólo hay que ver lo que tenemos, lo que se denuncia o expone, por ejemplo desde FAPAS.
      Ni te cuento ya la vergüenza del Pirineo, especialmente los casos de Aragón y Navarra.
      La alternativa que planteo, es la teórica, y la que se supone que se debería buscar o haber buscado y facilitado desde que el oso fue protegido en 1973; su verdadera conservación, y ésta, no pasa sólo por mantener lo justo en los lugares de 1973, sino, a mi modo de ver, también por su recuperación en aquellos espacios en los que la especie puede tener cabida.
      Y los hay, y más que los puede haber si se trabaja con voluntad. Pero claro, no la hay, y mucho menos cuando siempre queda de por medio el tema de la manida "compatibilidad" con el humano...bueno, ya sabemos que con ciertos sectores, prácticamente ninguna especie salvaje es ni será compatible, así que mucho menos los predadores.
      Concienciación de la población, protección sobre el papel, vigilancia, trabajos de entidades tanto privadas como relacionadas con lo público, LIFES millonarios, indemnizaciones, y toda suerte de programas, evaluaciones, seguimientos, estudios, ponencias, charlas, y socios, ya los conocemos desde hace décadas, y las cosas, siguen como siguen.

      La recuperación de las especies salvajes de España debe ser un DERECHO de todos, y una OBLIGACIÓN, insisto, por parte del Estado, Gobiernos y Administraciones, que nos representan.
      Por tanto, lo único que queda, es la denuncia, como bien se encarga FAPAS de exponer, por ejemplo en su último boletín.

      Sobre esto último que comentas de las alternativas, están más que claras y definidas, y bien sencillas que son. Otra cosa es que no se quieran sacar adelante por parte de quienes las tienen que hacer posibles, primando un sinfín de intereses distintos.

      Saludos, y gracias de nuevo por tu participación.

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  5. Saludos!
    Me parece que manejas unas cifras súperconservadoras..
    Veamos un ejemplo de población saludable en Europa ya que lo demás son sucedáneos poco menos que del jardín de casa....
    Rumania......la mitad de territorio que España:6000 osos
    Excepto las mesetas y algunas zonas semidesérticas o desérticas (no por la capacidad sino por lo expuesto que estaría),todo el resto del territorio nacional peninsular es apto para albergar poblaciones sanas de osos.
    Creo que perfectamente podríamos hablar de unos 5000 como población saludable sin que la gente se fuera chocando con ellos por las carreteras.....y aún así me considero conservador....creo perfectamente que podríamos albergar el doble sin ningún problema.

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