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jueves, 30 de marzo de 2017

EL ROMPECABEZAS DEL ZEBRO (V): APUNTES SOBRE LA SUPUESTA DOMESTICACIÓN DEL ZEBRO.




En muchas ocasiones he leído por la Red, e incluso en trabajos más consistentes, y así mismo lo creía yo hace algún tiempo, que el zebro ibérico había sido animal en cierto modo domesticable, algo que a día de hoy entiendo como totalmente infundado, apenas sin mayor mención en las fuentes que dos pasajes caballerescos que lo único que tratan de recalcar, es, uno la velocidad de un animal, y el otro, una montura fantástica o legendaria que ni siquiera sabemos a qué especie se refiere.
Bien al contrario, lo que nos ha llegado documentado sobre el zebro, es que éste siempre fue descrito como arisco, indomable, indomesticable, y objeto de caza.

En la siguiente entrada voy a tratar esta cuestión, que no obstante queda abierta, pero para la que, a día de hoy, no encuentro argumento convincente para dar por válida; la de la supuesta domesticación del zebro.

martes, 28 de marzo de 2017

EL ROMPECABEZAS DEL ZEBRO (IV): EL ZEBRO TRAS SU EXTINCIÓN. SIGLOS XVI, XVII Y XVIII.




Las décadas comprendidas entre finales del siglo XV y principios del siglo XVI supondrían un importantísimo período de cambio y transición no sólo para nuestra Península Ibérica, sino por extensión, a nivel global, en esa nueva concepción del mundo que desde entonces iba a entrar en escena.
No es de extrañar, pues, que sea precisamente durante el transcurso de estas fechas, con sus destacados acontecimientos, cuando La Historia (al menos la de tradición Occidental) marca el paso de una Edad a otra, de la Edad Media a la Edad Moderna.
La unión dinástica de las Coronas de Castilla y Aragón, mediante el matrimonio de Isabel y Fernando en 1479 (conocidos como Reyes Católicos) supuso el nacimiento de la Monarquía Hispánica, que llevaría a fin la Reconquista de la Península con la toma del último bastión del Reino Nazarí de Granada, en 1492.
Y sería en ese mismo año cuando el navegante Cristóbal Colón, al servicio de la Corona de Castilla, “descubriría” (para Occidente) el nuevo Continente Americano, con su llegada a “Las Indias”.
Por esos mismos años, hacia 1482, en tiempos de ansia expansiva, se intensificaron las exploraciones atlánticas portuguesas siguiendo la costa africana entrando en contacto con el Reino del Congo, y doblando el Cabo de Buena Esperanza cinco años más tarde.

Para el protagonista de nuestra serie, el zebro, aquellas fechas marcaron también un evento histórico, desgraciado en este caso, el de su propia extinción.
En apenas medio siglo desde entonces desaparecería de sus últimos reductos pasando a formar parte de ese nutrido elenco de especies de la megafauna ibérica que se fueron, o mejor dicho, que hicimos que se fueran para siempre de nuestro solar.

lunes, 20 de marzo de 2017

EL ROMPECABEZAS DEL ZEBRO (III): LAS FUENTES CLÁSICAS.




A la Antigua Grecia debemos buena parte de los primeros conocimientos más o menos científicos, al menos aquellos que nos llegaron posteriormente a través de la tradición grecolatina.
Con respecto a la fauna, autores como Heródoto o Aristóteles se cuentan entre los más destacados, pero, aunque muy meritorios para su época, veíamos en el capítulo anterior que tratar de extrapolar aquellos trabajos a lo que hoy entendemos como clasificación zoológica por especies, conlleva un alto riesgo de equívoco, de forma que tan sólo pueden servir en parte como guía, y siempre sometida a análisis crítico.
Veamos hoy qué hilo de continuidad podemos encontrar en las fuentes escritas de la Edad Antigua, y en relación con la Península Ibérica, con respecto al équido salvaje que durante la Edad Media fue conocido como “zebro”.

sábado, 18 de marzo de 2017

EL ROMPECABEZAS DEL ZEBRO (II): ASPECTO Y HÁBITAT.




En este capítulo vamos a profundizar sobre cuál pudo ser, y por qué, el aspecto más aproximado del zebro, partiendo desde lo que conocemos por lo que nos dejaron escrito y añadiendo argumentos para lo que nos es desconocido. También analizaremos qué se nos dijo acerca del hábitat en donde se le encontraba.

viernes, 10 de marzo de 2017

EL ROMPECABEZAS DEL ZEBRO (I): FUENTES HISTÓRICAS.




En los últimos seis meses no he tenido mayor afición y dedicación en mis ratos libres que el profundizar sobre esta misteriosa especie, desde que en ese estupendo rincón de La Red, que tantas veces les he comentado es como una segunda "familia" (virtual en este caso), Foro El Lince Ibérico, se abriera el hilo sobre ¿Qué animal era la encebra ibérica?.
Quiero agradecer desde aquí la participación en el mismo a todos aquellos foreros que han dedicado su tiempo (también a los exclusivamente lectores), y mis disculpas si acaso mis intervenciones han resultado en muchos casos largas, pesadas, repetitivas o hasta abusivas.
No hay mejor forma de avanzar en el conocimiento que el compartir y confrontar con otros, aprender de sus distintas visiones, gozar de sus aportes, muchos de los cuales eran desconocidos hasta ahora por el que les habla, y esmerarse por indagar todo lo posible, encontrando nuevas pistas.
Me resulta increíble el desconocimiento que tenemos en general los españoles sobre este équido salvaje, que junto al oso pardo, podría considerarse como el último componente de la megafauna ibérica, ya que pervivió en nuestro país hasta hace poco menos de quinientos años.
Sobre el zebro tratará la serie que hoy abro, y no sé cuando cerraré,  habrá que  tomarlo con mucha calma.
En realidad quedará pendiente durante mucho tiempo, tanto como el que cueste descubrir con total certeza qué fue realmente.
La intención no es otra que avanzar en este camino, ampliando y matizando lo expuesto en el capítulo que ya le dedicara en el blog anterior, en 2012, o su réplica en este mismo espacio, en Febrero de 2015.

viernes, 13 de marzo de 2015

NEOLÍTICO.




Neolítico o Edad de Piedra Nueva (diferenciado así del Paleolítico) es el término empleado para definir un proceso o momento de estado cultural de la Humanidad que se caracteriza por el uso de una nueva técnica de piedra pulida asociada a la aparición de la agricultura y la ganadería.
No se corresponde con un espacio temporal concreto global, puesto que algunas poblaciones llegaron a este estadio en épocas prehistóricas mientras unas pocas ni siquiera lo han alcanzado en la actualidad.
Pero en términos históricos se entiende sobre todo como el momento en que el hombre es capaz de producir sus alimentos con independencia de la caza o la recolección (lo que conlleva a su vez un paulatino sedentarismo en detrimento del nomadismo), y suele estar asociado, o al menos así se ha intentado identificar siempre en el Viejo Mundo, con el cultivo de cereales, la domesticación de ovicápridos y la aparición del uso de la cerámica, generalizándose además los poblados permanentes que, con el tiempo, darán origen a las ciudades y las primeras civilizaciones.
Tomando esta tradicional visión como base, pretendo abordar la entrada de hoy, tratando de recomponer, muy por encima, lo que todavía es un puzle de piezas incompletas a la hora de plasmar un evento que, con toda probabilidad, nos retrotrae a más de diez mil años atrás, a un período que cambiaría, para bien y para mal, y para siempre, nuestra propia historia como especie.

ARTE PREHISTÓRICO (II): ARTE LEVANTINO.




Algo que siempre me ha llamado muchísimo la atención respecto al arte parietal prehistórico, es el enorme salto, a modo de involución, que se produce de las manifestaciones artísticas del período Paleolítico al Neolítico.
Supongo que es ésta una apreciación muy personal y probablemente no compartida por buena parte del público en general. Quizás viene motivada por mi admiración hacia el naturalismo o el hiperrealismo, pero nunca he acabado de entender por qué los humanos del ámbito franco-cantábrico, de hace cuarenta mil, veinte mil o trece mil años, eran capaces de representar un tipo de escenas y figuras que casi ponen la piel de gallina, aun hoy en día, con tal maestría y rozando la perfección en su ejecución, y sin embargo, a partir de la entrada en el Holoceno, el arte que podemos observar cae, a nivel general, en una espiral que poco a poco se va acercando al esquematismo monocromo, geométrico, simbólico, muy abstracto, dótesele de los calificativos que se quiera, pero en definitiva, un tipo representaciones que bien podrían ser efectuadas hoy en día por cualquier niño de parvulario, o como mucho, de primaria…
La entrada al nuevo período Holoceno, hace unos 11.500 años, supuso, como ya sabemos, una serie de cambios a nivel climático, de vegetación y de fauna, pero también de cultura social y material de los hombres y mujeres de la época.

MESOLÍTICO.




Vimos en el último artículo cómo el cambio de Época, la entrada al nuevo período interglaciar conocido como Holoceno, trajo consigo importantes transformaciones tanto en el clima como en el modo de vida del ser humano que, con el paso de los milenios, llegarán a ser muy significativos.
En el post de hoy veremos una aproximación hacia el camino de la domesticación, el cambio de estrategia del hombre en su paso de cazador-recolector a ganadero-agricultor, fijando la atención en una fase primaria, intermedia entre el Paleolítico y el Neolítico, que hoy es reconocida bajo el nombre de Mesolítico, o en algunos casos, como sinónimo, Epipaleolítico.
Abordar el tema del cambio en el modo de vida cazador-recolector a productor ganadero-agrícola, con la posterior evolución hacia otras fases o “edades”, presenta aún, a día de hoy, una problemática en el hallazgo de explicaciones satisfactorias que deja grandes lagunas en el conocimiento del propio pasado de la Humanidad.

sábado, 7 de marzo de 2015

LA LLEGADA DEL HOLOCENO: UN CAMBIO DE ÉPOCA.




Aunque el estudio del paleoclima de La Tierra revela que el proceso de cambio para el final de la glaciación de Würm y la entrada a un nuevo período interglaciar fue progresivo y constante ya desde finales del máximo glacial, apreciándose un aumento de temperaturas medias en torno a 1’5 º por milenio, el punto de inflexión que transformó drásticamente esa dinámica vino a producirse, como explicaba en un post anterior, hace unos 12.900 años, creyéndose actualmente que fue la caída de un gran meteorito conocido como “Cometa Clovis” lo que provocó una aceleración hacia el tránsito definitivo.
La reacción en cadena, los efectos de esa caída sobre nuestro planeta, se tradujeron en una serie de cambios y catástrofes naturales acumuladas, de enorme magnitud, producidos en lo que sin duda fue un brevísimo espacio temporal, al menos geológicamente hablando.
Si en un principio los efectos derivaron en un retorno a las duras condiciones glaciares de milenios anteriores, la consecuencia final de tales alteraciones fue precisamente la opuesta, produciéndose algún evento que liberó las corrientes oceánicas o incluso propició fenómenos como seísmos, vulcanismo y hasta el movimiento de la corteza terrestre, haciendo que el deshielo tomara una velocidad vertiginosa, modificando así la configuración de buena parte de las tierras del planeta y sus climas.
Según la Carta Estratigráfica Internacional el inicio de este cambio drástico a un nuevo ciclo tuvo una fecha muy definida, hace ahora exactamente 11.784 años.

jueves, 5 de marzo de 2015

ARTE PREHISTÓRICO (I): ARTE PALEOLÍTICO.




Imagino que, como el que les habla, cualquier persona acostumbrada a practicar el dibujo y la pintura se habrá dado cuenta a lo largo de su vida que un hecho que ocurre con relativa frecuencia es el de ver, imaginar o proyectar formas, en cualquier superficie, condicionadas por una temática que ocupe nuestros pensamientos en una determinada época.
De niño me fijaba a menudo en el estucado de la pared blanca de mi casa, en él mi imaginación descubría innumerables figuras de animales, que se superponían, y eran tan evidentes que no comprendía como resultaban inapreciables para los demás. Hubiera apostado a que les habían dado forma con toda la intención. Una cabeza de leona aquí, un caballo allá, un hipopótamo siguiendo esta línea, un oso siguiendo aquella otra…
Lo mismo ocurría cuando observaba el mármol del banco de la cocina o del baño, allí se podía apreciar con todo lujo de detalles la majestuosa figura de una jirafa, una cabra, o incluso un leopardo moteado en pleno movimiento.
Ya de adolescente la temática varió un poco, y recuerdo que las soporíferas clases de matemáticas o química en el instituto “alentaban” mi espíritu artístico, y pasaba las horas dibujando en los libros de texto, donde a poquito que me fijara, los espacios entre párrafos, gráficos o ilustraciones, ofrecían un sinfín de posibilidades donde poder apreciar la figura de mis cantantes favoritos, las curvas de Samantha Fox, una guitarra eléctrica, un teclado, etc.
Hoy en día me sigue sucediendo, y observando la mesa sobre la que escribo, distingo claramente entre las vetas de la madera la cabeza de un gran jabalí, con su ojo incluido…
Es evidente, pues, que cuando nuestros antepasados pintaron en las cavernas sintieron esa misma sensación en innumerables ocasiones, y en aquellos relieves y sombras que observaban a la luz del fuego, en sus largas noches de invierno, imaginaron y proyectaron aquella temática que era el centro de atención de su visión cotidiana, la caza de los grandes mamíferos y los misterios de la reproducción.
Pero, por encima de debatir acerca de las diversas interpretaciones del arte parietal, la inquietante pregunta al respecto que siempre queda en el aire y atormenta mi mente es; ¿por qué a partir de cierto momento y no antes?...De momento no existe respuesta fidedigna.

Veamos pues unas pinceladas breves acerca del primer arte de la humanidad.

CINCO GRANDES PASOS DE LA HUMANIDAD.



Quizás el bipedismo constituye hoy en día el principal motivo para considerar como “humano” a aquel ancestro que se irguió definitivamente para caminar (en toda la acepción del término) por el proceso evolutivo que finalmente desembocó en el sapiens moderno o ser humano actual.
De algún modo, fue la adopción de la posición totalmente erguida lo que llevó a la Humanidad hacia un salto significativo en su proceso de desarrollo específico, determinado por avances que aún hoy siguen su curso.
Desde entonces se han conseguido, al menos a mi juicio,  otros cinco grandes pasos de “lo humano” que por su alcance, pueden ser entendidos como los más relevantes, ya que posteriormente desembocarían en un sinfín de logros menores, aunque no por ello menos importantes.


Encuadrados hoy en unos períodos concretos, estos grandes pasos no surgieron de repente, perfectamente estructurados o establecidos, sino que seguramente fueron el resultado de una tradición anterior, menos significativa, que fue poco a poco afianzándose y alcanzando mayor relieve hasta constituir el definitivo avance.

miércoles, 4 de marzo de 2015

MAGDALENIENSE: EL TARDIGLACIAR.




Hace 18.000 años el clima glacial comenzó a cambiar de forma lenta, pero progresiva.
Superada la fase de mayor frío conocida en el planeta para los últimos ciento ochenta mil años, el calentamiento de La Tierra fue aumentando durante el transcurso de los milenios siguientes, favoreciendo el retroceso de las masas de hielo que habían ocupado extensas zonas de continentes como Europa.
No fue éste, por tanto, un fenómeno abrupto, ni mucho menos, sino el resultado de varios miles de años que, poco a poco, iban permitiendo el asentamiento de climas algo más húmedos, aunque todavía muy frescos, que propiciaban la expansión del bosque, al menos en nuestra península.
Los descendientes cromañones de aquellos solutrenses acantonados en la Europa Occidental durante el máximo glacial, fueron expandiendo gradualmente sus poblaciones por el continente, aprovechando los nuevos pasos generados por el deshielo.
Esta adaptación de la base poblacional europea a la nueva situación, tuvo como consecuencia la aparición del tecnocomplejo Magdaleniense, datado entre 17.000 y 12.000 B.P., que toma su nombre del yacimiento francés de La Madeleine, y que estuvo caracterizado sobre todo por lo que parece ser un notable aumento poblacional que ha llevado a algunos autores a considerar esta cultura como la “primera civilización” europea, por extenderse más allá de su núcleo original en el suroeste francés para desarrollarse desde la costa atlántica portuguesa hasta las tierras interiores de la República Checa.

SOLUTRENSE: EL MÁXIMO GLACIAL.


Tras el establecimiento del humano moderno en Europa, la fauna del continente había variado de forma considerable, coincidiendo además con la llegada del máximo glacial.
El hombre de Neandertal, dueño y señor del suelo europeo durante más de doscientos mil años, había sido pillado en horas bajas de supervivencia al límite, lo que en un espacio de alrededor de quince milenios de expansión sapiens por el continente le llevó a la desaparición, por competencia y asimilación con sus parientes "recién llegados".
El humano moderno había conocido, con posterioridad, cierta homogeneidad cultural bajo el tecnocomplejo hoy denominado Gravetiense (30.000/22.000 B.P.), en un período en que, presumiblemente, neandertal estuvo ya ausente.
Pero hacia 22.000 B.P. aquel humano moderno establecido plenamente en Europa conoció el momento más frío que ha soportado el continente en los últimos ciento ochenta mil años.
El descenso en picado de las temperaturas medias llegó entonces a diez grados por debajo de las actuales y la masa de hielos glaciares se extendió hasta ocupar casi por completo las Islas Británicas, alcanzando áreas muy hacia el sur de la actual Alemania.
Del mismo modo, los glaciares de las principales cadenas montañosas del continente aumentaron su tamaño, siendo considerables los de los Alpes, que casi llegaban a conectar con los hielos continentales de Alemania, prolongándose además por el sur hasta la costa del Mar Mediterráneo.
Este fue el período que hoy ha quedado como imagen típica de la popularmente conocida como Edad del Hielo, el tiempo de los mamuts, de los rinocerontes lanudos, los renos, los saigas y bueyes almizcleros.
El tiempo del hombre del hielo...

lunes, 2 de febrero de 2015

HOMO SAPIENS EN EUROPA: EL PRIMER GRAN IMPACTO SOBRE LA FAUNA.




Las penínsulas meridionales de Europa, auténticos santuarios de refugio para la fauna templada, que se habían mantenido hasta la llegada de Homo sapiens un tanto al margen de los efectos de la glaciación de Würm (que azotaba con rigor las zonas del centro y norte del continente europeo desde el 100/80.000 B.P.), conocieron en esos quince milenios entre 40 y 25.000 B.P. una serie de cambios que hoy pueden parecer poco significativos, pero que a buen seguro tuvieron en su época proporciones magníficas.
Los estudios del clima de entonces, estratigrafías, capas de hielo, sondeos de los fondos marinos, foraminíferos, microfauna y sobre todo la vegetación, a partir de la Palinología, han puesto de relieve que si a principios de este micro-período tratado (40/25.000 B.P.) se reproducían los efectos moderados del tiempo glaciar entonces vigente, hacia mitad de dicho ciclo, en torno al 35/30.000 B.P., Europa conoció una breve pulsación benigna interestadial.
Una mejora de las condiciones climáticas que dejó las temperaturas medias generales cuatro o cinco grados por debajo de las actuales durante alrededor de cinco milenios, volviendo a cifras muy similares a las de las últimas fases del anterior período interglaciar Riss-Würm.

LA LLEGADA DE HOMO SAPIENS A EUROPA: EL INICIO DE UN TIEMPO NUEVO.






A escala geológica quince mil años son apenas un suspiro, un pequeño intervalo de tiempo en los más de cuatro mil quinientos millones de años de antigüedad del Planeta Tierra. 
Sin embargo para el ser humano suponen casi una eternidad. Baste tener en cuenta, por ejemplo, la duración de una generación, que tradicionalmente se enmarca en el lapso temporal de veinticinco a treinta años, resultando que en una centuria, y según momentos de la historia, puede haberse dado el caso de hasta cuatro generaciones distintas, que serían cuarenta en mil años, cuatrocientas en diez mil y seiscientas en quince mil…
Pues bien, quince mil años son el espacio temporal que encuadra un período de la humanidad que transcurrió en Europa hace ahora hace entre 40.000 y 25.000 años.
Los restos fósiles humanos, siempre escasos, vienen acompañados por material arqueológico, por estudios palinológicos y paleontológicos, que pueden ayudarnos a recomponer hasta cierto punto el conocimiento de un tiempo que se prolongó tanto, que supera en mucho al que ha transcurrido entre el surgimiento de la agricultura-ganadería y nuestro presente, y que en cualquier caso, a fecha de hoy, sigue dejando un hueco, un vacío de enormes proporciones que apenas puede aproximarnos a la realidad de aquel tiempo olvidado.

sábado, 17 de enero de 2015

EL PLEISTOCENO SUPERIOR (II): LA GLACIACIÓN DE WÜRM.




Como veíamos en la entrada anterior, el inicio de la Glaciación de Würm empezó a dejarse notar hace unos 115.000 años, cuando todavía dentro del interglaciar Eemiense las temperaturas medias del planeta descendían de forma constante y la extensión de los hielos en los polos iba en continuo aumento. 
Los territorios más cercanos a éstos fueron los primeros en caer bajo el dominio del nuevo tiempo glacial.
Así, hace cien mil años buena parte del norte y centro de Europa se encontraban ya sometidos a los efectos del frío. Y de este mismo modo, conforme la masa de hielos del Ártico ganaba extensión expandiéndose hacia el sur, la corriente oceánica fría se desplazaba hacia el Golfo de Vizcaya afectando a toda el área cantábrica. 
Poco a poco, milenio a milenio, la glaciación fue alcanzando también el ámbito de la Península Ibérica.

jueves, 15 de enero de 2015

EL PLEISTOCENO SUPERIOR (I): INTERGLACIAR EEMIENSE O RISS-WÜRM.






Ya conocemos que el Pleistoceno y el Holoceno conforman las dos épocas del Período Cuaternario.
El Pleistoceno ha sido tradicionalmente subdividido por el ámbito académico en tres etapas; Inferior, Medio y Superior, aunque recientemente se ha propuesto otro modelo que agruparía a la época en cuatro pisos; Gelasiense, Calabriense, Ioniense y Tarantiense.
El que más nos interesa para aproximarnos hacia el rewilding es el Tarantiense, que viene a coincidir plenamente con el hasta hace poco denominado Pleistoceno Superior.
Esta secuenciación se prolonga desde hace 126.000 años hasta 11.784 B.P., por lo que engloba parte del interglaciar Eemiense (Riss-Würm) y la totalidad de la glaciación de Würm.
En esta entrada veremos algunos aspectos que conciernen a su primera fase, la interglaciar.

GLACIARES E INTERGLACIARES Y SUS EFECTOS SOBRE LOS ECOSISTEMAS.




Desde que diera comienzo el Período Cuaternario, hace dos millones y medio de años, se han reconocido seis etapas glaciares y seis interglaciares. Entre las primeras, y atendiendo a su nomenclatura europea tenemos; Biber, Donau, Günz, Mindel, Riss y Würm, mientras que las segundas se agruparían en Biber-Donau, Donau-Günz, Günz-Mindel, Mindel-Riss, Riss-Würm y nuestro actual Holoceno.
La duración  de las fases glaciares e interglaciares responde a factores poco conocidos, aunque generalmente los períodos glaciares suelen ser más prolongados que los interglaciares. Establecer los distintos estadios es siempre bastante subjetivo, pues dentro de ellos podemos encontrar tal variación climática y de biotopos que algunos de los interestadiales de por ejemplo un interglaciar han sido mucho más fríos que otros que se dieron durante una glaciación, y viceversa.
En líneas generales podríamos decir que durante las fases frías o glaciares el descenso de las temperaturas provoca el aumento de los hielos desde los polos y en las grandes cadenas montañosas, posibilitando un descenso de la humedad a escala planetaria que se traduce en una importante bajada del nivel del mar, dejando muchos kilómetros de las hasta entonces tierras sumergidas por encima del nivel de las aguas, por lo que la línea de costa tiende a aumentar, creando incluso puentes terrestres entre continentes o grandes islas.
El mismo descenso de la humedad, y el cambio de las corrientes marinas por el avance de los hielos, favorecen condiciones frías y extremadamente secas que a su vez condicionan el paisaje, que quedará fundamentalmente representado por ecosistemas esteparios, abiertos, donde el elemento arbóreo resulta escaso o testimonial, siempre dependiendo de zonas.
Los bosques y las selvas, los espacios forestales en definitiva, se retrotraen a zonas propicias donde todavía encuentran condiciones para su desarrollo.

miércoles, 14 de enero de 2015

EL CENOZOICO: LA ERA DE LOS MAMÍFEROS.




Para entender mejor el concepto rewilding es más que aconsejable partir de la comprensión global de la presencia de mamíferos en La Tierra a lo largo de su existencia.
La sucesión de cambios en el clima y en la propia distribución de los continentes a escala geológica nos ayudará a asimilar la evolución de los ecosistemas a través del tiempo, y por ende, conocer cómo fueron los procesos de relevo de las especies que hasta ellos llegaron, en conjunto y con su dinámica, bien por migración, bien por evolución adaptativa, en esos avances y retrocesos.
En el post sobre el Cuaternario, por ejemplo, vimos cómo la alternancia de etapas cálidas y frías ha sido una constante en el tiempo que ha definido el transcurrir del último Período que comenzó hace unos dos millones y medio de años, en el cual aún nos encontramos. 
Uno de los primeros pasos para tener amplitud de miras desde nuestro presente es borrar de la mente el cliché establecido. Un estereotipo que, en nuestro limitado alcance de concepción temporal a escala humana, parece tomar como punto de partida de la “normalidad” natural y actual el inicio del Holoceno, es decir, la etapa interglaciar en la que hoy nos encontramos y que dio comienzo hace unos 12.000 años, con el fin de la última glaciación.
Nosotros, en clave humana, hemos tomado como referencia ese aleatorio punto de partida suponiendo que, el mismo, refleja el paradigma absoluto de la norma, de lo natural, de lo potencial, tomando una muy limitada estabilidad, con sus climas, sus ecosistemas y sus especies, desde ese momento y hasta hoy. 
Nada más lejos de la realidad.

miércoles, 7 de enero de 2015

HUMANO MODERNO: LA APARICIÓN DE HOMO SAPIENS.




Una imagen idealizada de aquel humano arcaico, y sus posteriores formas anatómicamente modernas, que intento plasmar en la fotografía envejecida de portada, nos llevaría hasta un tipo humano de altura muy similar a la nuestra, seguramente de piel oscura, bien adaptada a la exposición solar de la región tropical, con cráneo moderno de entre 1.250 y 1.400 cm2, o lo que es lo mismo, la capacidad propia de nuestra especie actual, con algunos rasgos ancestrales como la mandíbula huidiza o los arcos superciliares más marcados que en el presente, pero no tanto como en tipos anteriores.




Sin embargo, intentar recrear una imagen única de esta variedad tipológica carecería casi de toda realidad, ya que si aceptamos que pudo producirse cierta hibridación con componentes de otros territorios del Viejo Mundo, como neandertales de Europa, denisovanos del Asia Central, e incluso erectus tardíos del sudeste asiático y quizá hombres del ciervo rojo de China, podemos y debemos presuponer que en África, tal proceso de hibridación o cruza con poblaciones colindantes y genéticamente más próximas debió de ser consecuentemente mucho más frecuente, sirva como ejemplo la pervivencia tardía de humanos de tipología arcaica en Iwo Eleru (Nigeria) hace tan sólo 13.000 años, y su posible relación con ciertos estudios de ADN de poblaciones modernas actuales que reflejan marcadores genéticos en algunos humanos del presente con más de 300.000 años de antigüedad.