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viernes, 10 de marzo de 2017

EL ROMPECABEZAS DEL ZEBRO (I): FUENTES HISTÓRICAS.




En los últimos seis meses no he tenido mayor afición y dedicación en mis ratos libres que el profundizar sobre esta misteriosa especie, desde que en ese estupendo rincón de La Red, que tantas veces les he comentado es como una segunda "familia" (virtual en este caso), Foro El Lince Ibérico, se abriera el hilo sobre ¿Qué animal era la encebra ibérica?.
Quiero agradecer desde aquí la participación en el mismo a todos aquellos foreros que han dedicado su tiempo (también a los exclusivamente lectores), y mis disculpas si acaso mis intervenciones han resultado en muchos casos largas, pesadas, repetitivas o hasta abusivas.
No hay mejor forma de avanzar en el conocimiento que el compartir y confrontar con otros, aprender de sus distintas visiones, gozar de sus aportes, muchos de los cuales eran desconocidos hasta ahora por el que les habla, y esmerarse por indagar todo lo posible, encontrando nuevas pistas.
Me resulta increíble el desconocimiento que tenemos en general los españoles sobre este équido salvaje, que junto al oso pardo, podría considerarse como el último componente de la megafauna ibérica, ya que pervivió en nuestro país hasta hace poco menos de quinientos años.
Sobre el zebro tratará la serie que hoy abro, y no sé cuando cerraré,  habrá que  tomarlo con mucha calma.
En realidad quedará pendiente durante mucho tiempo, tanto como el que cueste descubrir con total certeza qué fue realmente.
La intención no es otra que avanzar en este camino, ampliando y matizando lo expuesto en el capítulo que ya le dedicara en el blog anterior, en 2012, o su réplica en este mismo espacio, en Febrero de 2015.


No encuentro pues mejor forma de comenzar, como decía, que dando las gracias de forma personalizada a todos esos compañeros de afición, en este caso sobre el zebro.
La mayoría sólo conocidos por mí como nicks, alguno por su nombre real, y ninguno en persona: Pardus, Nahuel, Pacopaco, Jujomore, Frannewassos, Kaiser, Perdiman, Toxicosmos, Yurakuna, Taxugaz, Alvalufer, y especialmente  agradecido a Rompecercas, por su constante “enfrentamiento expositivo” con datos y visiones, sin los que me habría resultado imposible motivarme lo suficiente para profundizar más y más.
Y es que para mí, ha sido un gran avance, si no en la resolución, si en el conocimiento.
Se dice hoy que los foros o los grupos en las Redes Sociales son en su gran mayoría un compendio de “rebaños” en los que gentes con aficiones o gustos comunes se juntan y se retroalimentan unos a otros como trolls, en visiones unilaterales que a veces rayan en lo fanático y partidista.
Los foros y grupos conservacionistas no quedan exentos de este matiz, muchas veces, y si somos objetivos y autocríticos, bien podemos caer en la cuenta de ello.
Por ello el hilo o post de la encebra en el Foro, ha sido un soplo de aire fresco en ese sentido, precisamente por mostrar lo contrario.
Si uno dice siempre, “tienes razón”, y el otro responde, “tienes razón”, las proclamas quedan ahí, como muy gloriosas y definitivas, como hinchándose de veracidad, y ya no se profundiza demasiado, aunque quienes no piensen lo mismo, se abstengan de pertenecer o participar de un espacio que no les resulta cómplice de su visión o idea.
Con cordialidad, a veces apasionada y chocante, pero siempre respetuosa, he disfrutado y aprendido muchísimo en un debate, con unos y otros, que, a buen seguro proseguirá.
Como parece que de momento hemos llegado allí a un punto muerto en este tema, creo que es buena ocasión para seguir mi disfrute aquí, y poco a poco, ir dando forma a los capítulos de una muy extensa serie sobre esta desconocida especie, que seguramente parará, y seguirá, intercalando otras entradas ajenas a esta cuestión, pero siempre tratando de hacer llegar a los lectores del blog la información, de forma más hilada, con todo cuanto he asimilado, bajo mi visión, haciendo un conjunto más estructurado, para reordenar el caos de datos y visiones acerca del rompecabezas que supone el puzle del zebro, compartiendo mi pasión sobre él con ustedes.

Sí les adelanto que para mí, como para muchos otros, la identidad del animal no tiene una resolución definitiva, y mucho me temo que pasará algún tiempo hasta que eso llegue (ojalá me equivoque).
Para entrar en materia, partiré desde lo que yo entiendo que es el principio, lo que debe ser el punto de partida; el nacimiento del concepto y término “zebro”. No en cuanto a su etimología, que veremos en otra entrada, sino basándonos en las fuentes, desde que éste queda registrado en documentos históricos.
Como tal, como concepto y término “zebro” (con sus múltiples variantes, ezebro, ezebra, enzebro, encebro, encebra, cebro, atzebre, atzebra y tantos otros), no aparece hasta finales del siglo X o el siglo XI, a finales de la Alta Edad Media, y su rastro se pierde o desvirtúa poco a poco a partir del siglo XVII, cuando el animal, casi con toda seguridad, había desaparecido ya, legando su nombre a los équidos africanos (las cebras que hoy conocemos) y a dos o tres pelajes equinos.
Pese a que en lengua castellana sería más acertado hablar de cebro o encebro, yo emplearé el que creo que fue su nombre en origen, en antiguo galaico-portugués, el de zebro, y que además es el primero que aparece en la documentación, bajo la forma “ezebro”.


Comencemos, pues, con las referencias documentadas acerca del zebro, desde su aparición, hasta su extinción, en un período que abarca desde finales del siglo X a finales del siglo XVI, dejando de lado el “antes”, cuando no es mencionado, al menos por este nombre, ni el “después”, cuando ya las citas desconocían a la especie en vida, y sólo se basaban en la documentación anterior.
Por supuesto no estarán todas las citas, algunas son muy similares a las expuestas y solo agrandarían la extensión de esta entrada, sin aportar demasiado, ya que son repetitivas. Probablemente habrá otras que aún desconozco y otras que, aun conociendo, seguro que se me pasan por alto. Si fuera necesario, llegado el caso, las añadiré reescribiendo el artículo.

Saben mi postura o consenso acerca de no publicar en este blog enlaces, ni citas de obras y autores recientes debido a la N.L.P.I.
Por si alguien estuviera especialmente interesado en conocer alguna fuente de las que beben los datos e informaciones expuestos en esta serie, he decidido anexar a ellas un número entre paréntesis conforme vayan apareciendo, que forma parte del índice que he elaborado sobre la bibliografía trabajada, de tal modo que sólo tendrá que solicitarme el número de referencia directamente, a través del correo electrónico del blog.

Como siempre, sólo espero que quienes esto lean, disfruten tanto como yo.


     EL ZEBRO EN LAS FUENTES HISTÓRICAS.

La primera mención conocida de la que existe registro para esta especie la encontramos hacia finales del siglo X y principios del siglo XI, cuando Sampiro, Obispo de Astorga, registró en su Cronicón que la incursión de los normandos por Galicia, de 969 d.C., había llegado hasta el actual monte de O Cebreiro:
“ …ad Alpes montis Ezebrarii. (1)

El cantar de Gesta conocido como “Canción de Roldán”, cuenta de forma épica la Batalla de Roncesvalles, que dependiendo de autores, se ubica entre finales del S. VIII o inicios del IX.
La Canción de Roldán fue redactada a principios del S.XII, y el “Cantar de Roncesvalles”, hacia mediados del S.XIII. En éste último, encontramos el Poema de la Fuga del Rey Marsín, en el que se recoge, según versión española de 1515, lo siguiente:

“Ya bolvían los franceses con coraçón a la lid, tantos matar de los moros que no se puede dezir. Por Roncesvalles arriba, huyendo va el rey Marsín, caballero en una zebra (a veces encebra), no por mengua de rocín”. (2)

Ésta es, a día de hoy, la única mención conocida (o al menos que yo conozco mientras nadie me aporte o demuestre lo contrario) sobre un posible uso del zebro como animal doméstico (ya hablaremos sobre una herencia del “jumento cebro” en tierras extremeñas), pero cabe destacar que la gesta se basa en la hipérbole de que el rey Marsín huye a toda prisa, a tanta, que va en una encebra, y no por mengua de rocín, sino porque éstas eran rapidísimas, tanto, que no había caballo que las alcanzase, y sólo los galgos podían hacerlo, como se menciona en otro texto que más tarde veremos.
¿Iba montado el Rey Marsín realmente en una encebra, o iba a lomos de una figura retórica que aumenta o pone énfasis en lo que se quiere recalcar en la gesta, la prisa a la que huía?...
Pobre bagaje de domesticación o uso sería en cualquier caso, a lo largo de los siglos, cuando hasta de las cebras africanas, de sobra conocidas por su naturaleza indómita y arisca, existen muchos más casos y ejemplos de domas puntuales, tanto de monta como de tiro.

Muerte de Carlomagno en "El Cantar de Roldán", y un pasaje de "El Cantar de Roncesvalles".

Desde principios del siglo XII a principios del XIII, en tiempos de los reyes Alfonso I, Sancho I, Alfonso II y Sancho II de Portugal, Alfonso VIII de Castilla, o Alfonso II y Pedro II de Aragón, se iban redactando distintos fueros y ordenanzas en las tierras que habían sido reconquistadas a los musulmanes. En muchos de ellos, como  los portugueses, o los de Cuenca, Alarcón, Teruel, etc., se recogen dictámenes al respecto de la caza o la manufactura de cueros en esas tierras, que a veces parecen “estándar” o de plantilla copiada.
En ellos encontramos reflejado al zebro bajo el nombre de “enzebro”, “ençebro”, “zevro” o “zevra”, como una especie cinegética más. Valgan unos cuantos ejemplos de entre los muchos existentes en una extensísima lista:

“De corio de uaca et de zeura II denarios. De corio de ceruo et de gamo III mealias”.
(Fuero de Évora) (3)

“De almotazaria. Et almotazaria sit de concilio et mittatur almotace per alcaidem et per concilium uille, et dent de foro de uacca I denarium et de zeuro I denarium et de ceruo I denarium et de bestia de pescato I denarium et de barca de piscato Idenarium et de indicato similiter et de alcauala III denarios: de ceruo et de zeuro et de uacca et de porco I denarium et de carneiro I denarium. Piscatores dent decimam. De equo uel de mula uel de mulo quem uendiderint uel emerint homines de fora a decem morabitanis et supra dent I morabitinum. De equa uendita uel comparata dent II solidos: et de boue II solidos et de uacca I solidum et de asino et de asina I solidum. De mauro et de maura medium morabitinum. De porco uel de carneiro II denarios: de caprone uel de capra I denarium. De carrega de azeite uel de coriis boum uel zeurorum uel ceruorum dent medium morabitinum”.
(Fuero de Santarem) (3)

“Portagem de caualo quem uendiderint in azougue I solidum. De mulo I solidum. De asino IV denarios. De  boue VI denarios. De carneiro III mealias. De porco II denarios. [...]. De corio de uaca et de zeura II denarios. De corio de ceruo et de gamo III mealias”
(Fuero de Abrantes). (3)

“Mando que todo aquel que moviere venado primero, con sus aves, puerco, ciervo, enzèbro, o liebre o conejo, o perdiz, o todos los otros, sean suyos; maguèra que otro lo haya tomado con sus canes, o con sus aves, o en algún engeño ageno sea caído”.
“Pèche, por enzèbro X menkales; e por ciervo, V menkales, e por puerco, VI menkales”.
“Aya la cabeza con quanto alcanzare, si puerco fuere. Si ciervo, aya el cuero. Si enzèbro, aya la tuérdaga de los lomos, et de las carnes su parte”.
“…jure el caçador, con un vezino, por ciervo, e por enzebro, e por puerco, e por guta, e por otros venados”.
(Fuero de Alarcón).(1)

“Mando encara que qual quiere que uenado con sus canes primera miente mouiere, o puerco o çieruo o cabrón o liebre o coneio o perdiz o ad éstas semeiantes, sea suya, maguera que otro omne o canes agenos o autagena el uenado matare, o caya en ageno engenio, sacada casa. Qual, si alguno casa porá prender ençebros o outro uenado et otro en aquella casa prisiere uenado, dé al sennor de aquella casa la meytat de aquel uenado e pora sus huebos prenga la outra meytat que finca, segunt del fuero”.
“Decabo, si alguno en huest o en caualgada o en otro lugar de empeçamiento mouiere uenado et outro primeramientre lo firiere, aya del puerco la cabeça con quanto tan[n]ne la oreia, e del çieruo aya el cuero, e del ençebro aya la tuértega de los lomos e de las carnes su part, e lo que romaneçiere aya aquel que el uenado mouiere del empeçamiento, assí como es dicho. Mas aquel que al ferido resto auant dicho le uedare peche lo dupplado”.
(Fuero de Teruel).(3)

“Los çapateros, per solar denles III dineros, et qui mas diere o mas tomare, unusquisque pectet senos [singulos] morauetis medios al conceio medius alcaldibus si eis firmaren. Sin autem saluense cum singulos uicinos. Todo cortidor curta el cuero uacuno et enzebruno a quarto, et caualluno o de mulo o de asno a tercias. Et si çapatero o cortidor este coto quebrantar, pectet II. morauetis, medios al conceio medios alcaldes”
(Fuero de Usagre-Badajoz). (3)

Obsérvese que queda muy claro que el zebro, además de ser pieza cinegética, es un animal salvaje distinto al caballo, al mulo y al asno, al menos para la concepción de la época (“…enzebruno a quarto, et caualluno o de mulo o de asno a tercias”…).

Una escena de caza medieval (Gaston Phoebus).


Hacia finales del S.XII y principios del XIII, el místico murciano del sufismo Ibn Arabí, en esa misma línea, nos dejó esta cita (aquí traducida del original) en tierras sevillanas:

“... iba yo de viaje cierto día en compañía de mi padre, entre Carmona y Palma, cuando topamos con un rebaño de onagros que estaban paciendo...” (10)

Algo más tarde, a mediados del siglo XIII, Don Rodrigo Jiménez de Rada, Arzobispo de Toledo, escribía su Historia Gótica o De rebus Hispaniae (1243 d.C). En su adaptación del anterior texto de Sampiro (S.X-XI) sobre los normandos por Galicia, cambia el nombre autóctono de la especie a la que hace referencia el Monte Ezzebrari, acoplándolo al grecolatino “on ager” (asno agreste o salvaje), dejando la cita como “ad locum, qui mons dicitur Onagròrum”. (1)

En el Vidal Mayor de Aragón, primera compilación del Fuero de Aragón, redactado entre 1247 y 1252 (S.XIII) por el obispo de Huesca, Vidal de Canellas, se vuelve a mencionar al zebro, junto a otras especies cinegéticas, y en esta ocasión se identifica con un mulo salvaje;

“…et si alguno feriere ante con dardo o lança o sayeta mulo salvage, es assaber cebro maschlo…” (5).

El “Libro del Tesoro” es un códice u obra enciclopédica que trata la Historia Universal y Natural, escrita entre 1260 y 1267 (S.XIII) por el político, poeta, historiador y filósofo florentino Brunetto Lattini, durante su exilio en Francia.
En él, su autor (maestro y amigo de Dante), trata con detalle algunas especies de animales, y entre ellas están los zévere o zebros, tenidos por especie ibérica, y distintos a caballos y onagros, que también son mencionados en la obra, y  a los que seguramente no conoció en persona, sino por otras referencias, pero de los que dejó escrito que eran una generación de bestias que habitaban la parte de España, en Castilla La Vieja, mayores que el ciervo, que tenían las orejas muy largas y una lista o banda sobre el lomo hasta el final de la cola, como el mulo, que su carne era muy buena para comer, y que eran tan veloces que jamás las podían cazar, excepto si se prendían con fuego los bosques donde pastaban, porque los zebros quedaban como atraídos o fascinados por las llamas, de tal modo que pasados tres días se les espantaba hacia el agua para que bebieran cuanto quisieran, hasta que saciados, eran incapaces de correr y más fáciles de atrapar.
Aunque a veces una fase del pasaje se tradujo como “Et hanno li loro piedi fessi”,  que tenía las pezuñas hendidas, parece que fue una confusión entre términos “piedi fessi” y “piedi feboli”, en el sentido de que tenía pequeños o más débiles los cascos. (1), (3) y (6).
Por desgracia, justo el pasaje que hace mención al zebro no muestra ilustración del animal.

Un pasaje del "Libro del Tesoro", de Brunetto Lattini.

La “General Estoria” fue escrita en 1270 (S.XIII) por Alfonso X el Sabio y sus colaboradores, como ambicioso proyecto para redactar la Historia Universal a partir de fuentes más antiguas basadas en la tradición judeo-cristiana. En ella se vuelve a insistir en esta identificación del onagro con el animal salvaje conocido en la Península. En uno de sus párrafos, cuando se menciona al onagro de los textos hebraicos, nos cuenta lo siguiente (1), (3) y (4):

“Et dizẽ Jeronymo et mẽestre Pedro quelle chama ẽno ebrayco fará, et fará tanto quer dizer ẽno nosso latym cõmo onager, et onager dizemos nos que es ẽna nosa lenguage por asno montés ou por zebro.
 
De la fiereza o lo arisco del zebro, también quedó constancia. Fray Martín de Sarmiento, en su obra sobre este animal, escrita en 1752, y que es una de las más completas al respecto que se conocen, nos dijo que:

“A la mujer que es muy arisca, y brava, dezimos, que es como una zebra. (1)

Y Sem Tob (S.XIII-XIV), escritor hebraico de Carrión, y colaborador de Alfonso XI y su hijo Pedro I, destaca la agilidad y fiereza de Pedro comparándole con el zebro y el lobo:

“Del lobo e del zebro, ¿por qué alongaremos?. Al noble rey don Pedro estas mañas vemos” (10)

Bajo el nombre de enzebras, el animal vuelve a aparecer como especie salvaje cinegética, y a través de topónimos (Collado de Navazebrera, Puerto de las Enzebras, Zebreros, Collado de Zebracorta…), en el Libro de La Montería de Alfonso XI, redactado durante la primera mitad del siglo XIV, que refleja o enumera, sobre todo, los principales montes con oso y jabalí del Reino de Castilla (1) y (7):

"Hacia Lorca, buen monte de puerco e de enzebras en invierno.
Hacia Caravaca, Las Cabezas de Copares es buen monte de puerco, e de enzebras, en invierno.
Hacia Caravaca, la Sierra de Zelchite, es buen monte de puerco en invierno; e ha muchas enzebras".

Alfonso XI, Rey de Castilla, subiendo a su caballo.


Además de considerarse como especie cinegética, cazada en los montes y bosques, junto a osos, jabalíes, ciervos y otros venados, sabemos que su piel se empleaba para la manufactura de calzado y adargas (o escudos), siendo especialmente considerada la túrdiga de la espalda, y su carne era muy apreciada no sólo para el consumo, sino para la elaboración de “medicinas”, remedios que en buena medida procedían de la tradición oriental árabe o hebrea, y en los que una vez más, el zebro o  encebra quedará vinculado como sustituto o equivalente del onagro o en todo caso del asno, no del caballo.

En el Lapidario de Alfonso X “El Sabio”, traducido de un original árabe por parte del médico hebreo Yehudá Bem Moshé, y el clérigo Garci Pérez, del S.XIII, se expone que:

“Dela piedra aque dizen cornelina. Et aun a otra uertud la cornelina por la fuerça de uenus, que el que la touiere consigo seyendo esta planeta en su exaltation et en su hora la colgaren sobrel estomago del que ouiere dolor a el. ol dieren a beuer del agua en que fuere lauada; sanara. Pero esto faz ella mas manifiestamiente descendiendo sobresta piedra la uertud de figura de cabeça de ezebra & sobrel la cabeça de mosca” (3)

En esta línea, Enrique de Aragón, Marqués de Villena, escribe en su obra “Arte Cisoria” (S.XV-1423), acerca del uso medicinal de la encebra:

“A fueras destas cosas dichas, que se comen por vianda, è mantenimiento, è placer de sus fauores, se comen otras por Melecina, asi como la carne del Ome, para las quebraduras de los huesos; è la carne de Perro por calzar los dientes. La carne del Tasugo viejo por quitar el espanto, è temor del corazon; la carne del Milano para quitar la sarna; la carne de la Habubilla, para aguzar el entendimienti; la carne del Cauallo, para facer Ome esforzad; la carne de Leon para ser temido; la carne de la Encebra, para quitar pereza”. (3)

Como sucede desde la aparición en los textos del concepto y vocablo “zebro” “encebra”, el animal no es considerado caballo, sino otro equino, que en este caso, por relación con las prácticas medicinales orientales, es vinculado al onagro o al asno salvaje.

El mismo autor, en otra obra, el “Tratado de fascinación o aojamiento” (1425) dejará también escrito:

“Otros le aniravan as sobreçejas com sevo de enzebra untado. E algunas d’estas cosas han quedado en uso d’esse tiempo; e tal cosa non la han por bien en la Santa Iglesia cathólica e, por ende, usar non se deve por fieles e creyentes”. (3)

En la literatura medieval valenciana del S.XV, el zebro aparece con una de sus denominaciones en lengua valenciana (atzebra) en “L’Espill “, de Jaume Roig (1460), junto a nutrias y castores:

"…correns atzebres, lludries, vebres, hon bo ni bell sino la pell als no s’i troba" (8)

En tiempos de los Reyes Católicos, a finales del S.XV, encontramos todavía menciones al zebro en las “Ordenanças de Sevilla”, en el Título de los Correeros, que trata sobre la manufactura de cueros, correas, adargas:

“Otrosí , qualquier maestro oficial que fiziere adarga , que sea de buen cuero bien adobado,y que sea llena del tercio de enmedio, y seguida de los alaues;  y el adarga que fiziere de enzebro, que la fagá de lomo, y su sobre lomo de cuero muy bien cortido y adobado”…
"Otrosí, que ningú oficial del dicho oficio de correeria, no examine adarga de anta, ni de enzebro, ni de vaca,..." (9)

Y según Merino Álvarez (1919) también en tiempos de los Reyes Católicos se encontraban las encebras en la Manga del Mar Menor (Murcia) y alrededores:

“...el resto lo llenaban las malezas de riberas, vegas y sotos; malezas tan frecuentes por las ramblas, ríos y tierras bajas de los campos de Murcia, Orihuela, Totana y Cartagena, donde con las hierbas se criaban el venado, la «eucebra,», el corzo y los gamos, de los que algunas manadas habían pasado á las islas de la costa”. (11)

La Toma de Granada a fines del S.XV por parte de los Reyes Católicos, supuso el Fin de la Reconquista, que junto al Descubrimiento de América, darían paso a la Edad Moderna.

Lucio Marineo Sículo, humanista e historiador siciliano que vivió la mayor parte de su vida en el Reino de Castilla, escribió en 1496 De Laudibus Hispaniae Libri, que más tarde amplió en De Rebus Hispaniae Memorabilibus Librii (1533). En su obra, Lucio dejó escrita la única mención a la etimología o procedencia del término Zebro por quienes la conocieron cuando aún existía, y sería una síncopa de céf(i)ras, a partir del viento Céfiro. Además, y por primera vez, establece relación con las yeguas, y nos dice que (14): 


“Varro quoque refert in Hispania nonnullas equas vento concipere. Quas a Zephiro vento, qui flare solet ab occidente, Zebras Hispani vocant. Quae quidem silvestres campestresque sunt et indomitae”. 

"Varrón también cuenta que en Hispania, algunas yeguas conciben por el viento. Los hispanos (españoles) las llaman zebras a partir del viento Zéfiro, que suele soplar desde Occidente. Éstas son ciertamente silvestres y campestres, e indomables".
 
Las últimas menciones a la existencia reciente del zebro, las encontramos ya en el cambio a la Edad Moderna, y nos las proporcionan las Relaciones de Felipe II, como la de Chinchilla (1576) y La Roda (1579).
En ellas encontramos algo muy significativo e incluso sorprendente, que es de destacar. Apenas cincuenta años después de las últimas citas de época de los Reyes Católicos, donde todavía parecían comunes, hacia 1540, los zebros ya se habían extinguido, o así se consideraba entonces de lo que se desprende en los escritos.
Extintas desde hacía cuarenta años, y descritas por quienes las habrían conocido, por segunda vez se va a establecer comparativa con las yeguas, aun recalcando que no lo eran exactamente.
En la relación de Chinchilla vamos a encontrar la descripción más completa sobre las encebras, que junto a la de Brunetto Latinni del siglo XIII, son la única base directa para tratar de saber qué o cómo era el zebro, como tal, como zebro, por ese nombre y desde esa visión medieval.
El nexo común es que ambas citas lo entienden como especie genuinamente ibérica, y con aspecto mohíno, de mulo, aunque las dos se alejan cuando una tiende más hacia los asnos, por las “orejas muy largas” y otra más hacia los caballos cuando dicen “a la manera de yeguas” “que relinchaban como yeguas”:

“...criase en esta tierra muchos benados, corços, gatos monteses y algunas vezes se hayan puercos y cabras monteses. Una especie de salbagina obo en nuestro tiempo en esta tierra que no la ha havido en toda España, sino aquí, que fueron enzebras, que havía muchas y tantas que destruían los panes y sembrados. Son a manera de yeguas zenizosas, de color de pelo de ratas, un poco moínas. Relinchaban como yeguas, corrían tanto que no havía cavallo que las alcanzase; y para abentarlas de los panes, los señores de ellos se ponían en paradas, con cavallos y galgos, que otros perros no las podían alcanzar, y de esta manera las abentaban, que matar no podían por su lijereza.”
Relación de Chinchilla 1576. (10) (12)

“A pocos años que se acabo la caza de los venados que avia muchos y podrá aver quarenta años que avia muchas enzebras en termino desta villa y se a acabado ansi mismo la dicha caza”.
Relación de La Roda 1579. (12)










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6 comentarios:

  1. Muy buen articulo compañero. Es muy interesante la existencia de esta especie hasta tiempos tan recientes. De hecho aquí en murcia tenemos una población llamada Las Encebras. A pesar de que la zona esta hoy en dia bastante cultivada es fácil imaginarse algún rebaño corriendo por el valle donde se encuentra hoy esta población, cuando seguramente era un paisaje de pinos carrascos adehesado rodeado de montañas pobladas de frondosos bosques. Una pena haber perdido un animal que de haber sobrevivido hasta hoy seguramente seria un emblema de la fauna ibérica como lo es el lince. Espero el siguiente artículo con entusiasmo. Un saludo compañero

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  2. Hola Sylvanus... Me he eacordado de tí este finde pasado. Estuve en el Museo de Navarra en Pamplona, y en la parte del paleolítico, había "restos de caballo"... la última falange o falange distal que se podía apreciar, era pequeña, claramente menor que la de un caballo. Es menor que lade un caballo adulto, mejor dicho. Es posible que algunos restos de los encebros recogidos en algunos yacimientos, sean clasificados como caballo. Si era un animal tan esquivo y difícil de cazar estará infrarepresentado en los restos conservados... por otra parte, será difícil la separación de material de dos especies del mismo género con fragmentos residuales. La frecuencia con la que veo cráneos de cerdo doméstico tomados por jabalí no es poca, y creo que son muy fácilmente diferenciables a simple vista. Y por ejemplo, he podido identificar como de recental de jabalí o cerdo algún resto que aparece dentro de una urna romana expuesta en un museo. No sé si es por atrezzo, que se usen huesos de cerdo pequeño en esta ocasión por estar depositados en los fondos del museo los del supuesto niño, o por aparecer mezclados y haber inducido a error.
    Interesante misterio el del encebro...

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  3. Super interesante entrada Sylvanus.

    Te mando al correo otra referencia sobre el zebro y la toponimia en Portugal. Parece que por aquí se había extinguido ya al llegar el siglo XV.

    Ánimo con esa serie que me interesa muchísimo.

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  4. Muchas gracias a los tres por vuestros comentarios, aportes y participación. Me alegra leeros de nuevo aquí.
    Poco a poco, trataremos de ir profundizando todo lo posible en este misterioso équido, una de nuestras últimas joyas de la megafauna perdida.

    ¡Saludos!.

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  5. Interesante artículo. Tan sólo una puntualización. El encebro no pudo ser utilizado medicinalmente por los hebreos. La Tora (el antiguo testamento) prohíbe el consumo de caballos y similares por no tener la pezuña hendida.

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    1. Hola Sergio, bienvenido al blog, y gracias por participar.
      Hay que tener en cuenta que el uso medicinal de la época no se basaba únicamente en el consumo de la carne de los animales.
      Por ejemplo, el Marqués de Villena dice que los hebraiquistas alcanzaron grandes secretos, y él mismo dice haber aprendido estas virtudes curativas del Rabí-Saraya y otros, "que buscaron remedios por las virtudes de las yerbas e de los miembros de los animales e de las piedras, así como poner fojas de albahaca en las orejas, o traer uñas de asno montés, que dicen onagro, e sortija de uña de asno doméstico, e colmillo de lobo, e piedra de diamante en el dedo, e oler hisopo...".
      Vemos, por ejemplo, que llevar encima la uña de onagro o asno montés, o de asno doméstico, incluso a modo de sortija, era entonces considerada una práctica curativa.
      O por ejemplo “Otros le aniravan as sobreçejas com sevo de enzebra untado. E algunas d’estas cosas han quedado en uso d’esse tiempo; e tal cosa non la han por bien en la Santa Iglesia cathólica e, por ende, usar non se deve por fieles e creyentes”. Untar con sebo de enzebra, aquí en la Península, era equivalente a la práctica que se haría en Oriente con la grasa de onagro o asno salvaje.
      Cierto que el consumo de onagro como remedio parece más bien derivado de la traducción de obras de los griegos, incluso pudiera ser que también de los árabes.
      pero las prácticas medicinales, ojo, no se reducían sólo a la ingesta de la carne.

      Lo que sí es de destacar, es que aquí en la Península, para establecer la equivalencia del onagro oriental, se emplea directamente su traducción o asimilación con el zebro.

      Un saludo.

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