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domingo, 3 de abril de 2016

EL LOBO EN ESPAÑA: EL ETERNO PROSCRITO (IV).




A lo largo de estas entradas dedicadas al lobo en España hemos ido haciendo un repaso sobre cuál fue su situación a través del tiempo, su consideración respecto al humano y su coexistencia con éste, concretando esa problemática a día de hoy, para intentar buscar un nuevo punto de partida que aborde su conservación desde una perspectiva que se ajuste más a la realidad presente y a la nueva visión que hoy tenemos acerca de la especie.
Casi todos los datos están ya encima de la mesa, sin embargo quedan todavía algunos muy significativos por analizar, para encarar el reto más difícil, el de la estrategia de compatibilidad entre humanos y lobos en nuestro país.
Muchas visiones, distintos enfoques, diversas propuestas para alcanzar esa coexistencia presente y futura.
Probablemente nadie tiene la fórmula exacta, no existe la varita mágica que ponga cada cosa en su sitio, como a todos nos gustaría, pero una cosa está bien clara en cualquier caso, entre los extremos que hablan de un lobo intocable que pudiera campar a sus anchas por cada metro cuadrado del país, y los que hablan de un lobo que ya no tiene sitio en éste, más allá de curiosidad faunística en un par de reservas, donde unos pocos ejemplares permanezcan a modo de piezas de museo para las generaciones venideras, queda un enorme y necesario ámbito intermedio, donde las cosas, mal que pese a unos u otros, tendrán que ceñirse a una realidad presente en ambas direcciones, alcanzando puntos de encuentro y consenso.
Ésta es, por tanto, y desde un análisis objetivo, mi interpretación subjetiva de cuál sería el punto de partida para enfocar  la conservación del lobo en España desde el momento actual.
Podrá o no coincidir con la de unos u otros, es posible incluso que con la de ninguno, pero en cualquier caso, no les quepa duda de que intenta conseguir el objetivo de esa convivencia necesaria.



Abordábamos en la entrada anterior la cuestión de los censos del lobo en España.
Bien, en vísperas de la que se esperaba fuera una manifestación histórica en la capital del país en defensa del lobo, organizada para el pasado 13 de marzo, el Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente trató de contrarrestar el efecto de ésta publicando los resultados del nuevo censo que estaba en marcha desde 2012 a 2014.
Mi punto de vista ante el panorama reciente es que ni la manifestación en defensa del lobo fue un acto como el que se esperaba desde cierto sector, quedándole muy grande el calificativo de “histórico”, ni los resultados publicados por el Ministerio me parecen concluyentes, en tanto en cuanto estamos acostumbrados a que las cifras oficiales sobrestimen realmente las poblaciones, como ya ocurriera en el caso de Castilla y León.
Habrá que esperar, en cualquier caso, a los resultados de un censo independiente o alternativo, para comparar números y establecer un promedio más acorde.

De cualquier forma el nuevo censo no habla de números totales, sino de manadas reproductoras, contabilizando un total de 297.
Las manadas compartidas por distintas Comunidades Autónomas sólo han sido computadas a una, de tal forma que no queden duplicadas.
Castilla-León se sitúa a la cabeza con 163 manadas, le siguen por orden de importancia Galicia (84), Asturias (37), Cantabria (12), Madrid (1-3), Castilla-La Mancha (2), La Rioja (1) y País Vasco (0-1).
Se constata además la presencia de algunos ejemplares aislados en el Pirineo Catalán y en el lado francés del mismo, de procedencia italiana.
Ningún dato para Andalucía, donde se cree que se ha extinguido o está a punto de hacerlo, sin observaciones directas de ejemplares, a pesar de que desde la Junta se insiste en que durante 2015 y 2016 se han encontrado algunos excrementos atribuibles al lobo en un par de zonas de Sierra Morena, que no se sabe si podrían pertenecer a alguna manada o sólo a ejemplares aislados o en dispersión, desconociéndose también cuál puede ser el grado de hibridación de dichos ejemplares con perros…

Si multiplicamos las cifras de manadas por 7 ejemplares, incluyendo ya las bajas de cachorros y los ejemplares en dispersión o divagantes, obtenemos un total de entre 2.000 y 2.100 lobos en España.
El problema podría venir si, como resultó en el caso de la Sierra de la Culebra, un censo independiente encontrara cifras que queden reducidas a la mitad...

En rojo, distribución del lobo en España, en rosa ejemplares aislados y vías de expansión.

A mi modo de ver encontramos dos datos esperanzadores. El mismo número de ejemplares es bueno para encarar la conservación de la especie en el país, y la expansión territorial, aunque muy lentamente, se está produciendo a modo de goteo, principalmente en dirección Sur y Este.

Ahora que tanto se habla de la necesaria unión entre europeos, ahora que tanto se aprieta y exige en temas económicos a los países del sur, ahora que tanto se señala con el dedo a quienes incumplen déficits, ahora, sería un buen momento también para recordar a nuestros vecinos que la construcción de la Unión Europea no es sólo un tema de "Poderoso Caballero", centrado exclusivamente en la economía, lo es también en cuanto a justicia y derechos sociales, por ejemplo, pero, importantísimo también, en cuestiones medioambientales, y ahí, en la Europa de la Naturaleza, en la Europa del lobo, en la Europa que dejaremos a las próximas generaciones, el déficit de algunos países socios es de órdago... 
Cabría recordar, por ejemplo, que países como Alemania cuentan con 150 ejemplares, Francia con apenas 80, Suecia 265, Finlandia 160, Holanda 0, Gran Bretaña 0, Dinamarca 0...
Momento pues de reivindicar la responsabilidad e implicación de los "países del sur" como Portugal, 325 ejemplares, Italia 700, Grecia 700, Bulgaria 750, España 2.000, Rumanía 2.500...
Queda claro que algunos no están haciendo los deberes, por mucho partido verde con representación parlamentaria que tengan.

Como aspectos negativos en nuestro país tendríamos esa lentitud en su expansión, incomprensible dado el grado de adaptabilidad y recolonización del lobo, que puede estar indicando lo que desde hace mucho tiempo se sospecha, incluso se documenta, que el lobo “está siendo frenado” en silencio en esa recolonización por su propio pie, por tierras extremeñas, navarras, castellano-manchegas, aragonesas y hasta valencianas, y que la situación en Andalucía se ha ido totalmente de las manos.

Otro dato relevante a tener en cuenta es que la mayoría de estudiosos de la especie coinciden en señalar algo que es de cajón, que la gran oportunidad para el lobo, sus mejores expectativas, se encuentran ahora mismo en recuperar territorio en el Sistema Ibérico Meridional, en la Serranía de Cuenca, Montes Universales y Maestrazgo, por calidad de hábitat, abundancia de presas silvestres, y bajísima población humana.
Un territorio en el que desde cualquier punto de vista objetivo, resulta del todo incomprensible que el lobo no esté ocupando ya su lugar, jugando su papel de regulador y de garante de la calidad medioambiental.

Entramos pues de lleno en la última cuestión a tratar: ¿Cuántos lobos debería albergar el país para conservar la especie en vistas al futuro y en los lugares que le corresponde?. ¿Qué medidas o visiones deberían ponerse en marcha para ello?
La respuesta a cuántos lobos debería albergar España no es sencilla ni exacta, pues esto queda en función de los hábitats y recursos disponibles para la especie.
En un principio, desde un punto de vista “natural”, debería haber tantos lobos como sean capaces de proliferar, sin los efectos controladores del humano, en tanto en cuanto una especie depredadora regula sus poblaciones en función a la capacidad misma del entorno.
El problema viene dado cuando nos topamos de frente con dos consecuencias de esto; que en esa dinámica natural se cruzan o enfrentan a los intereses humanos, en este caso del sector ganadero o cinegético intensivo, y que para ese proceso natural de autorregulación se requiere de, primero, cierta población elevada, de saturación en un área para, segundo, marchar hacia la nueva recolonización de otra con posibilidades.
Por lo tanto, desde el mismo momento en que la artificialidad de lo humano entra en juego para alterar esta concepción, también la solución al desenlace debe contemplar la artificialidad, para no desequilibrar la balanza en ningún sentido.
No queda otra, pues, toca “gestión”. ¿Pero qué “gestión”?, porque la palabra gestión alberga un significado demasiado extenso en su definición, que a menudo desvirtúa el fin último de su propósito necesario.
Hasta el día de hoy, la “gestión” respecto al lobo ha ido probablemente en detrimento de ambas partes, dado que no satisface o beneficia de manera eficaz a ninguno de los principales actores implicados en la convivencia.
El lobo sigue sin estar presente en aquellas zonas más acordes del país, mientras es posible que prolifere demasiado en otras en las que simplemente valdría con que encontrara corredores para pasar de allí a zonas más óptimas.
Las administraciones siguen compensando tarde y mal a los ganaderos verdaderamente afectados, incrementando el enfrentamiento y odio hacia la especie.
Y la única medida para contrarrestar sus quejas pasa, sí o sí, por la muerte de ejemplares de lobo ibérico, bajo el eufemismo de “control” o “regulación” necesaria.

España sigue adoleciendo de un proyecto con base para la conservación y coexistencia con el lobo.
Éste, nunca será creíble mientras no entren en juego cuatro variables principales: una mayor implicación, responsabilidad, y aceptación de la situación por parte de los sectores ganaderos extensivos y cinegéticos intensivos, una total dedicación de las administraciones pertinentes en asegurarse el controlar esos cumplimientos obligatorios de los sectores anteriormente citados, asumiendo con decisión su cuota de implicación con respecto al pago por indemnizaciones y medidas preventivas, además de posicionarse claramente en contra de sentencias absolutas como declaraciones de "zonas libres de lobo", una elaboración de censo periódico poblacional de cinco en cinco años, así como un último punto esencial, devolver al lobo de forma decidida allí donde es inaceptable su ausencia, tomando precisamente a esos ejemplares conflictivos de determinadas zonas, cuya solución pasa exclusivamente hoy por la máxima de “muerto el perro, muerta la rabia”.
Existen a día de hoy cuatro grandes zonas en España en las que no se puede entender, desde ningún punto de vista ecológico, conservacionista o de calidad medioambiental de un país, el que no esté presente el lobo.
La zona pirenaica-prepirenaica, el Sistema ibérico Meridional, los Montes de Toledo y las grandes serranías del sur.
Dentro de ellas contamos, sin excepción, con las áreas más indicadas para comenzar con esa presencia obligatoria del gran predador-regulador ibérico: Los Parques Nacionales y las Reservas y Cotos Nacionales o Regionales.

En la zona pirenaica: C.N. Kintoa (1), R.N.C. Los Valles-Visaurín (2), C.N. Anayet (3), R.N.C. Viñamala (4), P.N. Ordesa (5), R.N.C. Los Circos-Benasque (6), R.N.C. Arán-Alt Pallars (7), P.N. Aigues Tortes i Sant Maurici (8),  R.N.C. Cadí (9), R.N.C. Cerdanya (10) y R.N.C. Freser-Set Cases (11).

En el Sistema Ibérico Meridional: R.N.C. Serranía de Cuenca (12), R.N.C. Montes Universales (13), R.N.C. Ports de Tortosa-Besseit (14), R.N.C. Muela Cortes de Pallás (15).

En la zona Centro-Montes de Toledo: P.N. Monfragüe (16), R.N.C. Cijara (17), P.N. Cabañeros (18), C.N. Quintos de Mora (19).

En la zona Sur: C.N. Lugar Nuevo (20), C.N. Contadero y Peñas Negrillas (21), C.N. Cazorla-Segura y Las Villas (22), R.N.C. Sierra Espuña (23), P.N. Sierra Nevada (24), R.N.C. Sierra Tejeda (25), R.N.C. Sierra de Las Nieves (26), R.N.C. Cortes de la Frontera (27),  P.N. de Doñana (28) y C.N. Pata del Caballo (29).

Zona azul, área pirenaica. Zona verde, área Sistema Ibérico Meridional. Zona naranja, área Centro-Montes de Toledo. Zona morada, área sur.
 No es admisible de ningún modo que estos parajes que se encuentran entre lo más granado, en lo alto del escalafón por su representatividad y protección y salvaguarda de especies significativas, y en especial, los mamíferos, sobre todo ungulados, gozando y aprovechando su uso y beneficio el humano, sufran la ausencia del que es el máximo exponente y regulador del ecosistema, el lobo ibérico, con las consecuencias que ello comporta para el medio.
Si a todo ello le sumamos los corredores a modo de Parques Naturales existentes en las mismas áreas, atendiendo a espacios y disponibilidad de recursos para la especie, queda meridianamente claro que, al menos una cifra cercana al doble de la actual, puede y debe perfectamente completar el cómputo para la salvaguarda, conservación y buena distribución del cánido en nuestro país, llegando a números del todo asumibles en relación a extensión, medio y recursos de España, que si nos basamos en los actuales expuestos por la oficialidad, podría aumentar hasta 3.000 ó 4.000 lobos.
Quizás algunas zonas especialmente conflictivas de Castilla y León, y puede que alguna zona de Galicia o Asturias, no deban cargar con lo que podría ser  una “excesiva” y “exclusiva" responsabilidad en cuanto a asumir los números totales del lobo en su conservación a nivel nacional, y es por tanto en este sentido, desde la traslocación de los ejemplares adjudicados como cupos de control o regulación en estas Comunidades Autónomas, hacia su reintroducción en las áreas incuestionables donde falta, como a día de hoy debería y tendría que  entenderse la gestión de control y conservación del lobo en España.


Que una vez conseguido el objetivo, asentada y afianzada la especie en la totalidad de enclaves óptimos y necesarios a nivel nacional, el lobo pueda controlarse de algún modo en las zonas menos óptimas, siempre manteniendo ejemplares conectores, o pueda entrar a formar parte del listado de especies cinegéticas, para una gestión regulada de provecho por parte del humano, entrará ya en lo anecdótico y asumible, al igual que sucede con cualquier otra especie de caza que actualmente se encuentra por buena parte del país, con poblaciones bien asentadas y excedentarias, siempre teniendo en cuenta desde esa gestión la realidad propia de la especie, atendiendo no sólo a los números, sino por ejemplo a que la desestructuración momentánea de una manada, si se abate a los ejemplares alfa, conlleva un período de desorganización que empuja a los cánidos hacia la depredación de presas más fáciles, que siempre suelen ser reses del el ganado más desatendido, en tanto en cuanto los nuevos líderes del grupo necesitan un período de adaptación y aprendizaje para rellenar el vacío dejado por sus antecesores, con experiencia en llevar la iniciativa en el más complejo reto dar caza a los animales salvajes.

Ahora que incluso se ha planteado el tema de solicitud de un Life a Europa, viene bien incidir en el hecho de que precisamente no debería ser Andalucía la más merecedora de tal apoyo, en base al grado de protección y conservación que ha procurado a "sus" lobos, tras treinta años, pasando de 50 ejemplares a la práctica extinción.
El lobo en sí no necesita de Life alguno para repoblar los territorios mencionados, sólo necesita que se le lleve hasta allí, y no se le "frene".
Por tanto, cuando hablamos de Life, deberíamos hacerlo pensando en orientarlo a todo el Estado, y principalmente a aquellos lugares que ya acogen poblaciones loberas, pues estas ayudas sólo tienen cabida como compensación directa a aquellos que conviven con el cánido.
Se debería solicitar un Life, claro que sí, pero siempre para allí donde se apuesta por los lobos en buenos números, que es donde puede generar cierto conflicto.
Porcentaje de fondos sólo en función de los lobos presentes y bien censados. Primero llevemos a los lobos, y luego solicitemos los fondos para contrarrestar su mínima incidencia a lo largo y ancho del territorio, nada de proyectos en abstracto que acaban en simposios, charlas, proyectos y concienciaciones, durante una década más... 

 
Nos encontramos ante un gran reto, el de entender la necesidad de convivir con una especie que hoy, más que nunca, comienza a ser comprendida y valorada por la sociedad en su conjunto, de forma ascendente y seguramente ya mayoritaria, para preservar y garantizar su presencia a las generaciones futuras, que tiene en nuestro país toda su razón de ser, como parte esencial de nuestra naturaleza, y la de hacerla compatible con quienes, todavía a día de hoy, pueden sufrir en sus intereses algún porcentaje negativo de esta inevitable y deseable coexistencia.

Tiempo de diálogo, compromiso, consenso, responsabilidad y determinación, en todos los sentidos, con decisión y eficacia.










Crédito de imágenes:

Foto 1: Imagen de uso libre de Pixabay.

Foto 2: Imagen de uso libre de Pixabay.

Foto 3: Miguel Llabata.

Foto 4: Imagen libre de derechos de Wikimedia Commons.

Foto 5: Miguel Llabata.
Foto 6: Imagen de uso libre de Pixabay.

Foto 7: Imagen libre de derechos de Wikimedia Commons.

5 comentarios:

  1. Muy buena entrada. Comparto tu punto de vista. Yo también soy partidaria de traslocar a los lobos excedentarios a zonas donde ya han desaparecido en lugar de matarlos.

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  2. La verdad que he leido cada una de tus entradas en este blog y no puedo mas que darte la Enhorabuena por el consenso que tratas de conseguir en cada una de tus entradas podiendote en el lugar de todos los involucrados,me encanta leerte y ojala todo lo que pides algun dia pueda llevarse a la practica

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  3. Hola de nuevo, soy signatus62. Después de tantos años de batallar y luchando por conseguir lo mejor para el lobo, los problemas no terminan de eliminarse y hay que procurar un punto intermedio.
    Puede que lo de figura del lobo estrictamente protegido, asuste a mucha gente y en especial a los ganaderos que sufran las embestidas del lobo (puede ser contraproducente).
    Pero si se debe llegar a una figura de protección generalizada y amplia.
    Lo de especie cinegética, nada de nada. Tampoco esa nueva moda de "espacios libres de lobos". Las ayudas a la ganadería para protegerse del lobo bien representadas y premiar a aquellos ganaderos que usan buenas prácticas de defensa contra el lobo. La carroña al campo de nuevo...
    Solo se controlaría al lobo en aquellos casos con caza de ejemplares en zonas con una especial y alta incidencia de ataques a la ganadería, consensuado por todos los sectores y con un fondo científico en la actuación.
    Yo creo, que con esto y sabiendo que el lobo es un oportunista, buscavidas y un animal inteligente acostumbrado a sortear muchos peligros, tenemos garantizada la supervivencia de la especie para el futuro.
    Un saludo, Nicolás.

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  4. Estaría bien tener lobos en Doñana, para reducir la cantidad de herbívoros, pero quizás les hiciera falta una superficie mucho más grande que el espacio protegido, ¿no?

    Además, con ganaderos y cazadores hemos topado...

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    1. Con ganaderos y cazadores topamos en todas partes...Pero el futuro de Doñana, sin un corredor conector con la Sierra de Aracena o Norte de Sevilla (seguramente a través de Pata del Caballo), se ve francamente negro.
      Cada día más, Doñana va quedando convertida en un "gran zoo", un parque asediado, rodeado de inconexiones naturales.
      Esto afecta a todos los sentidos en cuanto a correcto funcionamiento del ecosistema, exceso de herbívoros, ausencia de depredador como el lobo, descenso de lagomorfos, linces que lo sufren y que en sus desplazamientos a los alrededores, caen como moscas en carreteras...
      Un Parque Nacional, por muy enclave privilegiado que se suponga, no sirve de nada si no mantiene conexión con otras grandes áreas naturales.
      A Doñana se le está ahogando, en muchos sentidos, extracción de aguas, desarrollo urbano o de infraestructuras...Si no se encuentra el nexo con Sierra Morena, y se invierte su degradación e impacto en los alrededores, pronto dejará de ser la maravilla que siempre fue.
      WWF ya ha denunciado esta situación, y se amenaza incluso con rebjar su estatus de Patrimonio de la Humanidad, debido a las amenazas del entorno.

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