A
lo largo de estas entradas dedicadas al lobo en España hemos ido haciendo
un repaso sobre cuál fue su situación a través del tiempo, su consideración
respecto al humano y su coexistencia con éste, concretando esa problemática a día de
hoy, para intentar buscar un nuevo punto de partida que aborde su conservación
desde una perspectiva que se ajuste más a la realidad presente y a la nueva
visión que hoy tenemos acerca de la especie.
Casi
todos los datos están ya encima de la mesa, sin embargo quedan todavía algunos
muy significativos por analizar, para encarar el reto más difícil, el de la
estrategia de compatibilidad entre humanos y lobos en nuestro país.
Muchas
visiones, distintos enfoques, diversas propuestas para alcanzar esa coexistencia
presente y futura.
Probablemente
nadie tiene la fórmula exacta, no existe la varita mágica que ponga cada cosa
en su sitio, como a todos nos gustaría, pero una cosa está bien clara en
cualquier caso, entre los extremos que hablan de un lobo intocable que pudiera
campar a sus anchas por cada metro cuadrado del país, y los que hablan de un
lobo que ya no tiene sitio en éste, más allá de curiosidad faunística en un par
de reservas, donde unos pocos ejemplares permanezcan a modo de piezas de museo para
las generaciones venideras, queda un enorme y necesario ámbito intermedio,
donde las cosas, mal que pese a unos u otros, tendrán que ceñirse a una
realidad presente en ambas direcciones, alcanzando puntos de encuentro y
consenso.
Ésta
es, por tanto, y desde un análisis objetivo, mi interpretación subjetiva de cuál
sería el punto de partida para enfocar la conservación del lobo en España desde el
momento actual.
Podrá
o no coincidir con la de unos u otros, es posible incluso que con la de
ninguno, pero en cualquier caso, no les quepa duda de que intenta conseguir el
objetivo de esa convivencia necesaria.
Abordábamos
en la entrada anterior la cuestión de los censos del lobo en España.
Bien,
en vísperas de la que se esperaba fuera una manifestación histórica en la
capital del país en defensa del lobo, organizada para el pasado 13 de marzo, el
Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente trató de contrarrestar el efecto de
ésta publicando los resultados del nuevo censo que estaba en marcha desde 2012
a 2014.
Mi
punto de vista ante el panorama reciente es que ni la manifestación en defensa
del lobo fue un acto como el que se esperaba desde cierto sector, quedándole
muy grande el calificativo de “histórico”, ni los resultados publicados por el
Ministerio me parecen concluyentes, en tanto en cuanto estamos acostumbrados a
que las cifras oficiales sobrestimen realmente las poblaciones, como ya ocurriera
en el caso de Castilla y León.
Habrá
que esperar, en cualquier caso, a los resultados de un censo independiente o
alternativo, para comparar números y establecer un promedio más acorde.
De
cualquier forma el nuevo censo no habla de números totales, sino de manadas reproductoras,
contabilizando un total de 297.
Las
manadas compartidas por distintas Comunidades Autónomas sólo han sido
computadas a una, de tal forma que no queden duplicadas.
Castilla-León
se sitúa a la cabeza con 163 manadas, le siguen por orden de importancia
Galicia (84), Asturias (37), Cantabria (12), Madrid (1-3), Castilla-La Mancha
(2), La Rioja (1) y País Vasco (0-1).
Se
constata además la presencia de algunos ejemplares aislados en el Pirineo
Catalán y en el lado francés del mismo, de procedencia italiana.
Ningún
dato para Andalucía, donde se cree que se ha extinguido o está a punto de hacerlo,
sin observaciones directas de ejemplares, a pesar de que desde la Junta se
insiste en que durante 2015 y 2016 se han encontrado algunos excrementos
atribuibles al lobo en un par de zonas de Sierra Morena, que no se sabe si
podrían pertenecer a alguna manada o sólo a ejemplares aislados o en dispersión,
desconociéndose también cuál puede ser el grado de hibridación de dichos
ejemplares con perros…
Si
multiplicamos las cifras de manadas por 7 ejemplares, incluyendo ya las bajas de
cachorros y los ejemplares en dispersión o divagantes, obtenemos un total de
entre 2.000 y 2.100 lobos en España.
El problema podría venir si, como resultó en el caso de la Sierra de la Culebra, un censo independiente encontrara cifras que queden reducidas a la mitad...
A mi modo de ver encontramos dos datos esperanzadores. El mismo número de ejemplares es bueno para encarar la conservación de la especie en el país, y la expansión territorial, aunque muy lentamente, se está produciendo a modo de goteo, principalmente en dirección Sur y Este.
El problema podría venir si, como resultó en el caso de la Sierra de la Culebra, un censo independiente encontrara cifras que queden reducidas a la mitad...
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En rojo, distribución del lobo en España, en rosa ejemplares aislados y vías de expansión. |
A mi modo de ver encontramos dos datos esperanzadores. El mismo número de ejemplares es bueno para encarar la conservación de la especie en el país, y la expansión territorial, aunque muy lentamente, se está produciendo a modo de goteo, principalmente en dirección Sur y Este.
Ahora que tanto se habla de la necesaria unión entre europeos, ahora que tanto se aprieta y exige en temas económicos a los países del sur, ahora que tanto se señala con el dedo a quienes incumplen déficits, ahora, sería un buen momento también para recordar a nuestros vecinos que la construcción de la Unión Europea no es sólo un tema de "Poderoso Caballero", centrado exclusivamente en la economía, lo es también en cuanto a justicia y derechos sociales, por ejemplo, pero, importantísimo también, en cuestiones medioambientales, y ahí, en la Europa de la Naturaleza, en la Europa del lobo, en la Europa que dejaremos a las próximas generaciones, el déficit de algunos países socios es de órdago...
Cabría recordar, por ejemplo, que países como Alemania cuentan con 150 ejemplares, Francia con apenas 80, Suecia 265, Finlandia 160, Holanda 0, Gran Bretaña 0, Dinamarca 0...
Momento pues de reivindicar la responsabilidad e implicación de los "países del sur" como Portugal, 325 ejemplares, Italia 700, Grecia 700, Bulgaria 750, España 2.000, Rumanía 2.500...
Queda claro que algunos no están haciendo los deberes, por mucho partido verde con representación parlamentaria que tengan.
Como aspectos negativos en nuestro país tendríamos esa lentitud en su expansión, incomprensible dado el grado de adaptabilidad y recolonización del lobo, que puede estar indicando lo que desde hace mucho tiempo se sospecha, incluso se documenta, que el lobo “está siendo frenado” en silencio en esa recolonización por su propio pie, por tierras extremeñas, navarras, castellano-manchegas, aragonesas y hasta valencianas, y que la situación en Andalucía se ha ido totalmente de las manos.
Otro dato relevante a tener en cuenta es que la mayoría de estudiosos de la especie coinciden en señalar algo que es de cajón, que la gran oportunidad para el lobo, sus mejores expectativas, se encuentran ahora mismo en recuperar territorio en el Sistema Ibérico Meridional, en la Serranía de Cuenca, Montes Universales y Maestrazgo, por calidad de hábitat, abundancia de presas silvestres, y bajísima población humana.
Un
territorio en el que desde cualquier punto de vista objetivo, resulta del todo
incomprensible que el lobo no esté ocupando ya su lugar, jugando su papel de
regulador y de garante de la calidad medioambiental.
Entramos
pues de lleno en la última cuestión a tratar: ¿Cuántos lobos debería albergar
el país para conservar la especie en vistas al futuro y en los lugares que le
corresponde?. ¿Qué medidas o visiones deberían ponerse en marcha para ello?
La
respuesta a cuántos lobos debería albergar España no es sencilla ni exacta,
pues esto queda en función de los hábitats y recursos disponibles para la
especie.
En
un principio, desde un punto de vista “natural”, debería haber tantos lobos
como sean capaces de proliferar, sin los efectos controladores del humano, en
tanto en cuanto una especie depredadora regula sus poblaciones en función a la
capacidad misma del entorno.
El
problema viene dado cuando nos topamos de frente con dos consecuencias de esto;
que en esa dinámica natural se cruzan o enfrentan a los intereses humanos, en
este caso del sector ganadero o cinegético intensivo, y que para ese proceso
natural de autorregulación se requiere de, primero, cierta población elevada,
de saturación en un área para, segundo, marchar hacia la nueva recolonización de
otra con posibilidades.
Por
lo tanto, desde el mismo momento en que la artificialidad de lo humano entra en
juego para alterar esta concepción, también la solución al desenlace debe
contemplar la artificialidad, para no desequilibrar la balanza en ningún
sentido.
No
queda otra, pues, toca “gestión”. ¿Pero qué “gestión”?, porque la palabra
gestión alberga un significado demasiado extenso en su definición, que a menudo
desvirtúa el fin último de su propósito necesario.
Hasta el día de hoy, la “gestión” respecto al lobo ha ido probablemente en detrimento de ambas partes, dado que no satisface o beneficia de manera eficaz a ninguno de los principales actores implicados en la convivencia.
Hasta el día de hoy, la “gestión” respecto al lobo ha ido probablemente en detrimento de ambas partes, dado que no satisface o beneficia de manera eficaz a ninguno de los principales actores implicados en la convivencia.
El
lobo sigue sin estar presente en aquellas zonas más acordes del
país, mientras es posible que prolifere demasiado en otras en las que
simplemente valdría con que encontrara corredores para pasar de allí a zonas más óptimas.
Las
administraciones siguen compensando tarde y mal a los ganaderos verdaderamente afectados,
incrementando el enfrentamiento y odio hacia la especie.
Y
la única medida para contrarrestar sus quejas pasa, sí o sí, por la muerte de
ejemplares de lobo ibérico, bajo el eufemismo de “control” o “regulación”
necesaria.
España
sigue adoleciendo de un proyecto con base para la conservación y coexistencia
con el lobo.
Éste,
nunca será creíble mientras no entren en juego cuatro variables principales: una
mayor implicación, responsabilidad, y aceptación de la situación por parte de
los sectores ganaderos extensivos y cinegéticos intensivos, una total
dedicación de las administraciones pertinentes en asegurarse el controlar esos
cumplimientos obligatorios de los sectores anteriormente citados, asumiendo con decisión su cuota de implicación con respecto al pago por indemnizaciones y
medidas preventivas, además de posicionarse claramente en contra de sentencias absolutas como declaraciones de "zonas libres de lobo", una elaboración de censo periódico poblacional de cinco en cinco años, así como un último punto esencial, devolver al lobo de
forma decidida allí donde es inaceptable su ausencia, tomando precisamente a
esos ejemplares conflictivos de determinadas zonas, cuya solución pasa exclusivamente
hoy por la máxima de “muerto el perro, muerta la rabia”.
Existen
a día de hoy cuatro grandes zonas en España en las que no se puede entender,
desde ningún punto de vista ecológico, conservacionista o de calidad
medioambiental de un país, el que no esté presente el lobo.
La
zona pirenaica-prepirenaica, el Sistema ibérico Meridional, los Montes de
Toledo y las grandes serranías del sur.
Dentro
de ellas contamos, sin excepción, con las áreas más indicadas para comenzar con
esa presencia obligatoria del gran predador-regulador ibérico: Los Parques Nacionales
y las Reservas y Cotos Nacionales o Regionales.
En la zona pirenaica: C.N. Kintoa (1), R.N.C. Los Valles-Visaurín (2), C.N. Anayet (3), R.N.C. Viñamala (4), P.N. Ordesa (5), R.N.C. Los Circos-Benasque (6), R.N.C. Arán-Alt Pallars (7), P.N. Aigues Tortes i Sant Maurici (8), R.N.C. Cadí (9), R.N.C. Cerdanya (10) y R.N.C. Freser-Set Cases (11).
En el Sistema Ibérico Meridional: R.N.C. Serranía de Cuenca (12), R.N.C. Montes Universales (13), R.N.C. Ports de Tortosa-Besseit (14), R.N.C. Muela Cortes de Pallás (15).
En la zona Centro-Montes de Toledo: P.N. Monfragüe (16), R.N.C. Cijara (17), P.N. Cabañeros (18), C.N. Quintos de Mora (19).
En la zona Sur: C.N. Lugar Nuevo (20), C.N. Contadero y Peñas Negrillas (21), C.N. Cazorla-Segura y Las Villas (22), R.N.C. Sierra Espuña (23), P.N. Sierra Nevada (24), R.N.C. Sierra Tejeda (25), R.N.C. Sierra de Las Nieves (26), R.N.C. Cortes de la Frontera (27), P.N. de Doñana (28) y C.N. Pata del Caballo (29).
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Zona azul, área pirenaica. Zona verde, área Sistema Ibérico Meridional. Zona naranja, área Centro-Montes de Toledo. Zona morada, área sur. |
Si
a todo ello le sumamos los corredores a modo de Parques Naturales existentes en
las mismas áreas, atendiendo a espacios y disponibilidad de recursos para la
especie, queda meridianamente claro que, al menos una cifra cercana al doble de la actual, puede y debe perfectamente completar el cómputo para la salvaguarda,
conservación y buena distribución del cánido en nuestro país, llegando a números del todo asumibles en relación a extensión, medio y recursos de España,
que si nos basamos en los actuales expuestos por la oficialidad, podría aumentar hasta 3.000 ó 4.000 lobos.
Quizás
algunas zonas especialmente conflictivas de Castilla y León, y puede que alguna zona de Galicia o Asturias, no deban cargar
con lo que podría ser una “excesiva” y “exclusiva"
responsabilidad en cuanto a asumir los números totales del lobo en su
conservación a nivel nacional, y es por tanto en este sentido, desde la
traslocación de los ejemplares adjudicados como cupos de control o regulación
en estas Comunidades Autónomas, hacia su reintroducción en las áreas
incuestionables donde falta, como a día de hoy debería y tendría que entenderse la gestión de control y
conservación del lobo en España.
Que
una vez conseguido el objetivo, asentada y afianzada la especie en la totalidad
de enclaves óptimos y necesarios a nivel nacional, el lobo pueda controlarse de algún modo en las zonas menos óptimas, siempre manteniendo ejemplares conectores, o pueda entrar a
formar parte del listado de especies cinegéticas, para una gestión regulada de
provecho por parte del humano, entrará ya en lo anecdótico y asumible, al igual
que sucede con cualquier otra especie de caza que actualmente se encuentra por
buena parte del país, con poblaciones bien asentadas y excedentarias, siempre teniendo
en cuenta desde esa gestión la realidad propia de la especie, atendiendo no
sólo a los números, sino por ejemplo a que la desestructuración momentánea de
una manada, si se abate a los ejemplares alfa, conlleva un período de
desorganización que empuja a los cánidos hacia la depredación de presas más
fáciles, que siempre suelen ser reses del el ganado más desatendido, en tanto
en cuanto los nuevos líderes del grupo necesitan un período de adaptación y
aprendizaje para rellenar el vacío dejado por sus antecesores, con experiencia
en llevar la iniciativa en el más complejo reto dar caza a los animales
salvajes.
Ahora que incluso se ha planteado el tema de solicitud de un Life a Europa, viene bien incidir en el hecho de que precisamente no debería ser Andalucía la más merecedora de tal apoyo, en base al grado de protección y conservación que ha procurado a "sus" lobos, tras treinta años, pasando de 50 ejemplares a la práctica extinción.
El lobo en sí no necesita de Life alguno para repoblar los territorios mencionados, sólo necesita que se le lleve hasta allí, y no se le "frene".
Por tanto, cuando hablamos de Life, deberíamos hacerlo pensando en orientarlo a todo el Estado, y principalmente a aquellos lugares que ya acogen poblaciones loberas, pues estas ayudas sólo tienen cabida como compensación directa a aquellos que conviven con el cánido.
Se debería solicitar un Life, claro que sí, pero siempre para allí donde se apuesta por los lobos en buenos números, que es donde puede generar cierto conflicto.
Porcentaje de fondos sólo en función de los lobos presentes y bien censados. Primero llevemos a los lobos, y luego solicitemos los fondos para contrarrestar su mínima incidencia a lo largo y ancho del territorio, nada de proyectos en abstracto que acaban en simposios, charlas, proyectos y concienciaciones, durante una década más...
Ahora que incluso se ha planteado el tema de solicitud de un Life a Europa, viene bien incidir en el hecho de que precisamente no debería ser Andalucía la más merecedora de tal apoyo, en base al grado de protección y conservación que ha procurado a "sus" lobos, tras treinta años, pasando de 50 ejemplares a la práctica extinción.
El lobo en sí no necesita de Life alguno para repoblar los territorios mencionados, sólo necesita que se le lleve hasta allí, y no se le "frene".
Por tanto, cuando hablamos de Life, deberíamos hacerlo pensando en orientarlo a todo el Estado, y principalmente a aquellos lugares que ya acogen poblaciones loberas, pues estas ayudas sólo tienen cabida como compensación directa a aquellos que conviven con el cánido.
Se debería solicitar un Life, claro que sí, pero siempre para allí donde se apuesta por los lobos en buenos números, que es donde puede generar cierto conflicto.
Porcentaje de fondos sólo en función de los lobos presentes y bien censados. Primero llevemos a los lobos, y luego solicitemos los fondos para contrarrestar su mínima incidencia a lo largo y ancho del territorio, nada de proyectos en abstracto que acaban en simposios, charlas, proyectos y concienciaciones, durante una década más...
Nos
encontramos ante un gran reto, el de entender la necesidad de convivir con una
especie que hoy, más que nunca, comienza a ser comprendida y valorada por la sociedad
en su conjunto, de forma ascendente y seguramente ya mayoritaria, para
preservar y garantizar su presencia a las generaciones futuras, que tiene en
nuestro país toda su razón de ser, como parte esencial de nuestra naturaleza, y
la de hacerla compatible con quienes, todavía a día de hoy, pueden sufrir en
sus intereses algún porcentaje negativo de esta inevitable y deseable
coexistencia.
Tiempo
de diálogo, compromiso, consenso, responsabilidad y determinación, en todos los
sentidos, con decisión y eficacia.
Crédito de imágenes:
Foto 1: Imagen de uso libre de Pixabay.
Foto 2: Imagen de uso libre de Pixabay.
Foto 3: Miguel Llabata.
Foto 4: Imagen libre de derechos de Wikimedia Commons.
Foto 5: Miguel Llabata.
Foto 6: Imagen de uso libre de Pixabay.
Foto 7: Imagen libre de derechos de Wikimedia Commons.
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Muy buena entrada. Comparto tu punto de vista. Yo también soy partidaria de traslocar a los lobos excedentarios a zonas donde ya han desaparecido en lugar de matarlos.
ResponderEliminarLa verdad que he leido cada una de tus entradas en este blog y no puedo mas que darte la Enhorabuena por el consenso que tratas de conseguir en cada una de tus entradas podiendote en el lugar de todos los involucrados,me encanta leerte y ojala todo lo que pides algun dia pueda llevarse a la practica
ResponderEliminarHola de nuevo, soy signatus62. Después de tantos años de batallar y luchando por conseguir lo mejor para el lobo, los problemas no terminan de eliminarse y hay que procurar un punto intermedio.
ResponderEliminarPuede que lo de figura del lobo estrictamente protegido, asuste a mucha gente y en especial a los ganaderos que sufran las embestidas del lobo (puede ser contraproducente).
Pero si se debe llegar a una figura de protección generalizada y amplia.
Lo de especie cinegética, nada de nada. Tampoco esa nueva moda de "espacios libres de lobos". Las ayudas a la ganadería para protegerse del lobo bien representadas y premiar a aquellos ganaderos que usan buenas prácticas de defensa contra el lobo. La carroña al campo de nuevo...
Solo se controlaría al lobo en aquellos casos con caza de ejemplares en zonas con una especial y alta incidencia de ataques a la ganadería, consensuado por todos los sectores y con un fondo científico en la actuación.
Yo creo, que con esto y sabiendo que el lobo es un oportunista, buscavidas y un animal inteligente acostumbrado a sortear muchos peligros, tenemos garantizada la supervivencia de la especie para el futuro.
Un saludo, Nicolás.
Estaría bien tener lobos en Doñana, para reducir la cantidad de herbívoros, pero quizás les hiciera falta una superficie mucho más grande que el espacio protegido, ¿no?
ResponderEliminarAdemás, con ganaderos y cazadores hemos topado...
Con ganaderos y cazadores topamos en todas partes...Pero el futuro de Doñana, sin un corredor conector con la Sierra de Aracena o Norte de Sevilla (seguramente a través de Pata del Caballo), se ve francamente negro.
EliminarCada día más, Doñana va quedando convertida en un "gran zoo", un parque asediado, rodeado de inconexiones naturales.
Esto afecta a todos los sentidos en cuanto a correcto funcionamiento del ecosistema, exceso de herbívoros, ausencia de depredador como el lobo, descenso de lagomorfos, linces que lo sufren y que en sus desplazamientos a los alrededores, caen como moscas en carreteras...
Un Parque Nacional, por muy enclave privilegiado que se suponga, no sirve de nada si no mantiene conexión con otras grandes áreas naturales.
A Doñana se le está ahogando, en muchos sentidos, extracción de aguas, desarrollo urbano o de infraestructuras...Si no se encuentra el nexo con Sierra Morena, y se invierte su degradación e impacto en los alrededores, pronto dejará de ser la maravilla que siempre fue.
WWF ya ha denunciado esta situación, y se amenaza incluso con rebjar su estatus de Patrimonio de la Humanidad, debido a las amenazas del entorno.
Saludos!.....
ResponderEliminarA mi modo de ver una población saludable de lobos en España por su extensión y para una especie tan versátil debería rondar los 20.000....nada descabellado para una población de herbívoros susceptible de tener todavía mucha mayor población, sobre todo teniendo en cuenta la multitud de espacios con presencia escasa o nula de estos.....más acertado serían unos 30000 lobos para que esto no fuera un minizoo...
Imagínate el tema...si ahora mismo, con apenas 1.500 lobos (arriba o abajo), tenemos el panorama que tenemos, barajar las cifras que propones son impensables...
ResponderEliminarComo en el caso del lince, creo que como objetivo sí que podría aumentarse al menos al doble la población actual, pero sobre todo, mejor repartida por el país, porque su ausencia en muchísimos enclaves, sin un regulador natural principal y necesario como el lobo, sí que es algo incomprensible.
No es tanto cantidad (cuestión de números sin más) sino calidad de los ecosistemas o zonas naturales adecuadas interconectadas a recuperar para garantizar tanto el correcto funcionamiento del medio natural como la viabilidad de la especie.
Saludos.