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domingo, 1 de febrero de 2015

MUNDO REWILDING: EUROPA (III).




Continuamos hoy con la exposición de los grupos faunísticos de grandes mamíferos que mantuvieron representación de especies durante el Cuaternario europeo, para hacernos una composición más acertada de los nichos perdidos actualmente en el continente.
Les recuerdo que arbitrariamente, por no alargar el tema, limitaré el listado llegando al tamaño de los zorros, incluyendo algún otro peculiar mamífero de tamaño medio. 
La mayoría de mustélidos, y casi todos los mamíferos restantes de menor porte, no se incluirán en este repaso, entre otras cosas porque tienen una presencia más o menos continua a día de hoy, en términos globales de especies o grupo, que no necesitan de un rewilding, sino en todo caso, de puntuales acciones de conservación y recuperación en zonas concretas.
Vistos los representantes más grandes de entre la fauna europea seguimos con otro de los grupos de mamíferos; los grandes ungulados. De entre ellos sobresalen, por su tamaño y peso, los bóvidos.
Durante el primer gran período o episodio faunístico, entre 2 y 1’2 millones de años, los encontramos representados por dos especies del género Leptobos, que con el tamaño aproximado de un toro y los cuernos orientados hacia detrás, ocupaban seguramente dos nichos distintos, ya que han sido documentadas dos especies durante el mismo espacio cronológico: Leptobos etruscus y Leptobos stenometopon.

Probablemente el primero habitó los espacios abiertos hasta que fue reemplazado, hace alrededor de un millón y medio de años, por los primeros bisontes, como Bison degiulii.
Quizás el segundo estuvo más adaptado al entorno de los humedales, manteniendo un nicho que después pudieron ocupar otro grupo de bisontes, como Bison menneri y Bison voigtstedtensis, que no parecen ser ancestros directos de los bisontes actuales, y estaban más relacionados con ambientes boscosos (quizás de ribera) de interglaciares.
Todavía hoy, y debido a la mayor dificultad que entraña encontrar restos de especies ligadas a medios palustres, existen vacíos a la hora de interpretar este nicho que han ocupado bóvidos en la línea de los búfalos de agua, desde Hemibos gracilis de Venta Micena (España), pasando por Hemibos galerianus del centro de Italia, hasta Bubalus murrensis de centroeuropa y Bubalus arnee de Europa del este.
Bison degiuli evolucionará con el paso del tiempo hacia otras formas en la línea del Bison schoetensacki, que mantendrá una larga presencia temporal a través de cronoespecies que poco a poco se irán adaptando a los espacios abiertos de tipo sabana o estepa arbolada hasta ceder ese mismo nicho a la línea del Bison priscus, quedando relegados al bosque en el último interglaciar anterior al actual.
Algo similar pudo suceder más tarde con el Bison priscus, que al finalizar la Glaciación de Würm, hace unos 12.000 años, evolucionó en Europa durante breve espacio temporal adaptándose al bosque, originando así la forma holocénica del bisonte europeo (Bison bonasus) que ha conseguido llegar hasta el presente.

Representación del bisonte de estepa (Bison priscus).
Durante el primer gran período el medio boscoso o mixto quedó seguramente bajo el dominio de un jiráfido similar al okapi, Mitilanotherium inexpectatum, que aguantó hasta hace unos 750.000 años, siendo sustituido por el uro (Bos primigenius).
Además, en el este de Europa encontramos otras dos especies en el registro que estaban estrechamente relacionadas con el medio herbáceo o estepario, en algunas fases del Cuaternario, aunque no debieron presentar una distribución lo suficientemente extensa como para ocupar la totalidad del continente, se trata de un eland (Pontoceros sp.) y un camello (Camelus Knobiochi).
Junto a todos ellos cabe mencionar dos especies bastante ligadas a medios extremos. Los ovibos, representantes de espacios abiertos, no necesariamente fríos en un principio, puesto que hace entre 1’2 y 0’8 m.a. se han documentado en el sur de Europa junto a especies cálidas, pero que irán evolucionando en la línea del buey almizclero, adaptándose cada vez más a las estepas hasta ocupar el nicho de la tundra o estepa del mamut en los últimos tiempos glaciales, con la forma actual Ovibos moschatus.
Por otro lado, desde hace unos 700.000 años comienza a establecerse en Europa un búfalo acuático (Bubalus murrensis), habitante de los humedales interglaciares, que no parece encontrar refugio en las penínsulas meridionales durante los glaciares, sino que desaparece para volver de nuevo en los períodos cálidos por el este del continente, desde China. Algo similar parecía estar sucediendo a inicios de nuestro Holoceno con Bubalus arnee, presente en las terrazas fluviales de la cuenca de los Cárpatos y en Austria hacia 9.000-6.000 B.P.

Búfalos acuáticos en cautividad.
El siguiente grupo de mastofauna, con presencia durante todo el Cuaternario de Europa, y hasta hace prácticamente cien o doscientos años, es el de los équidos.
Durante el período faunístico antiguo sólo estuvieron representados por los arcaicos estenónidos Estas formas intermedias entre asnos, hemiones y caballos, estuvieron  presentes en Europa en aquellos tiempos con dos especies que seguramente ocuparon nichos distintos. Equus sussenbornensis habitaría las sabanas y estepas, los medios más abiertos, mientras que Equus altidens se establecería en un nicho más ligado a bosquetes de ribera, humedales, o hasta zonas de matorral y bosques no demasiado cerrados de las montañas, nicho que heredaría su descendiente Eqqus hydruntinus, probablemente el desconocido zebro o encebra ibérica que sobrevivió en la Península Ibérica hasta inicios del siglo XVI.
Equus sussenbornensis dejará su nicho, hace unos 900.000 años, a Equus mosbachensis, representante de los caballinos propiamente dichos, que ya con distintas formas subespecíficas de Equus ferus, a lo largo del tiempo, ocupará sobre todo los espacios herbáceos abiertos llegando en Europa hasta finales del siglo XIX.
Los onagros o hemiones (Equus hemionus) pudieron aparecer en las grandes estepas del mamut del sur de Europa durante los momentos álgidos del último glaciar, algo que apoyarían algunas pinturas rupestres de Francia o las fuentes modernas que hablan de su presencia en el este de Ucrania hasta entrado el siglo XIX.

Équidos y cérvidos del Cuaternario en Europa.

También los cérvidos estuvieron muy presentes en el espacio europeo a lo largo del Cuaternario, con un gran número de especies que poblaron distintos nichos y hábitats.
Un buen número de ellos han llegado hasta el presente en nuestro continente, mejor o peor representados en la actualidad, véase los alces, ciervos, gamos, corzos y hasta renos, otros géneros, como Megaloceros, Eucladoceros Metacervoceros o Haploidoceros, no consiguieron llegar hasta el presente. Megaloceros y Haploidoceros entran dentro del rango de extinciones en época de presencia del humano moderno.

Los mamíferos ungulados relacionados con el ámbito montano mantienen especies durante el período antiguo a través del arruí europeo, (Ammotragus europaeus), y también, en un “espacio temporal de unos cuatrocientos mil años, con Capra alba.
Ya durante el segundo gran período desaparecen dando paso a Rupicapra (rebecos) Hemitragus (tares) y Ovis (muflón). A ellos se sumarán el íbice (Capra Ibex) y la cabra ibérica (Capra pirenaica) durante el tercer gran período.

Recientemente ha sido introducido en España el arruí del atlas (Ammotragus lervia), que se distribuye actualmente por casi todo el sureste de la Península Ibérica.
 
Especies de mamíferos herbívoros u omnívoros de tamaño medio durante el Cuaternario de Europa.

Los ungulados medianos de la estepa aprovecharon su nicho durante los períodos en que éste apareció de uno u otro modo en el continente.
Las gacelas (Gazellospira torticornis) prolongaron su existencia desde inicios del Pleistoceno hasta hace 1’5 millones de años. 
Poco después serían seguramente sustituida por especies del género Soergelia (Soergelia minor y Soergelia elisabethae), y finalmente, en los últimos períodos fríos, por el antílope saiga (Saiga tatarica).
Los suidos tuvieron dos especies en el período antiguo (Sus sondaari y Sus strozzi), que ya en la segunda fase, hace alrededor de un millón de años, serán sustituidas por el jabalí (Sus scrofa).
Por extraño que pueda parecer, también los cercopitecos han estado más que presentes en Europa a lo largo del Cuaternario. El macaco de Berbería (Macaca sylvanus) venía ya del Plioceno y aguantó en el continente hasta los momentos previos al último pleniglacial. Se cree que ya en tiempos históricos o protohistóricos fue reintroducido en Gibraltar por algunos pueblos de la Antigüedad (tartessios, fenicios o romanos), llegando en el Peñón hasta el presente. La ausencia de restos en los yacimientos desde el Würm y durante el Temprano Holoceno impide por el momento afirmar que haya podido sobrevivir acantonado en algún refugio del sur de España hasta esos momentos protohistóricos, aunque no es una posibilidad descartable.
Existió también, escaso en el registro, un gran babuino en Europa (Theropithecus sp.), del que han aparecido algunos restos entre 750.000 y 400.000 años.
Por último, tres grandes roedores del Cuaternario merecen mención especial antes de pasar a abordar la lista de carnívoros de Europa. Se trata del puercoespín (Hystrix sp.), el castor (Castor sp.) y la marmota (Marmota sp.). Todos ellos han llegado de uno u otro modo hasta nuestro presente, con una distribución europea muchísimo más reducida que en el pasado.

Marmota alpina (Marmota marmota).

Úrsidos, félidos, hiénidos, cánidos, homínidos y mustélidos, fueron los grandes carnívoros europeos del Cuaternario.
Los osos verán aumentar sus especies a lo largo del Pleistoceno, con las líneas cavernaria y arctoide, aunque sólo osos pardos y polares han llegado, como les hemos dejado, hasta nuestro presente.
Los grandes felinos comenzaron su andadura cuaternaria con una especie panterina, el jaguar europeo (Panthera gombaszoegensis), un gran guepardo (Acinonyx pardinensis), y dos o tres especies de dientes de sable, Meganthereon cultridens, Meganthereon whithei (del tamaño del leopardo) y Homotherium latidens (del tamaño del león).
Con la llegada al continente de algunos hiénidos, humanos, leones (Panthera leo) y leopardos (Panthera pardus), hace entre 1'2 millones y 700.000 años, desaparecerán de la mayor parte de Europa, aunque Homotherium aún prolongará su existencia incluso hasta los momentos de aparición de Homo sapiens en el continente, pues recientemente se han encontrado restos en las Islas Británicas y en otras zonas del norte de Europa datadas en unos 30.000 años de antigüedad.
Los felinos medianos estuvieron también presentes desde el comienzo del Cuaternario, con Lynx issiodorensis, que hace unos seiscientos mil años evolucionaría hacia Lynx pardinus spelaea. En las primeras fases de la última glaciación aparecería en Europa el lince boreal (Lynx lynx), otro descendiente de L.issiodorensis en el Asia Central, mientras que Lynx pardinus spelaea iría refugiándose en la Península Ibérica hasta evolucionar en una pequeña subespecie que ha llegado muy amenazada a nuestro presente: El lince ibérico (Lynx pardinus).

Úrsidos y grandes felinos del Cuaternario de Europa.





Los hiénidos, por su parte, han formado parte de la fauna europea desde los inicios del período cuaternario que aquí estamos tratando, y hasta hace tan solo once o doce mil años, cuando acabaron desapareciendo. En los primeros momentos contaron con especies de los géneros Pliocrocuta y Pachycrocuta, que fueron sustituidas desde hace aproximadamente un millón de años por la Hiena rayada (Hyaena hyaena) y por la Hiena manchada (Crocuta crocuta).

Hiénidos, cánidos, humanos y otros carnívoros del Cuaternario de Europa.

Licaón africano (Lycaon pictus).
Los cánidos han mantenido una dilatada presencia de especies durante todo el Cuaternario de Europa, con antepasados del lobo como Canis etruscus o canis mosbachensis, hasta llegar a Canis lupus
También con licaones (Lycaon falconeri y Lycaon lycaonoides) que desaparecerán durante el segundo gran período faunístico, cuando irán dejando paso a los cuones (Cuon pricus/Cuon alpinus). 
Además encontramos otros cánidos menores, como Canis arnensis, antepasados del zorro ártico (Vulpes praecorsac y Vulpes preglaciais), así como el propio zorro ártico (Allopex lagopus) y también el zorro común (Vulpes vulpes). 
Éstos dos últimos han llegado hasta nuestros días. 





Recientemente, en tiempos holocénicos, una de las pocas especies que ha conseguido superar nuestras barreras antropogénicas ha venido a sumarse a tan extensa lista: el chacal dorado (Canis aureus).

Otro carnívoro mediano a considerar es el glotón, que sigue presente en Europa desde su aparición hace más de medio millón de años.

Finalmente, poco que decir sobre la presencia de humanos en el continente. Superada la teoría del poblamiento reciente, hoy sabemos que las primeras formas de Homo Anteccesor, derivadas de Homo ergaster/erectus, pudieron encontrarse ya presentes en Europa hace alrededor de un millón de años, originando con posterioridad los tipos Hedelbergenisis y neanderthalensis, a los que desplazamos hace entre 40 y 30 mil años los Homo sapiens o humanos modernos.

Una vez expuestos en líneas generales los grandes grupos faunísticos europeos, en las próximas entradas nos centraremos de forma más pormenorizada en aquellas especies a tener en consideración para un rewilding en la actual Europa.
Para ello partiremos de la siguiente premisa. 
Puesto que debemos tener en consideración la incidencia del humano moderno, y éste hizo su aparición hace entre 40 y 35.000 años, veremos sobre todo las especies que han desaparecido, o aún se mantienen, desde esas fechas hasta el presente. Sin embargo, como a su vez actualmente nos encontramos en un interglaciar, debemos contar no sólo con aquellas que sabemos que desaparecieron en el intervalo de convivencia, o incluso con otras que podrían haber dilatado su presencia en unos milenios de forma testimonial o relicta, y por tanto muy difícil de detectar en el registro arqueológico, sino con componentes que seguramente habrían retornado al espacio europeo desde el Próximo Oriente en condiciones naturales o de normalidad, de no haber mediado nuestra presencia.


Recordemos algo que ya hemos expuesto con anterioridad en otras entradas, unos cuantos miles de años, en tiempo geológico, y para estos procesos, son apenas un suspiro. De hecho, un relevo de faunas glaciares por otras interglaciares y viceversa, podría dilatarse durante decenios de miles de años hasta su llegada y asentamiento en Europa.
Todos estos matices son importantes a la hora de caer en la cuenta de que no podemos tomar exclusivamente como punto de partida el inicio del Holoceno de hace 12.000 años para entender el impacto que los humanos modernos hemos tenido sobre la normalidad en la presencia de fauna en Europa a lo largo del tiempo.
Por ello, a la hora de emprender un verdadero rewilding, debemos contar, al menos, con aquellas especies que sabemos vivieron en Europa durante el último período interglaciar similar al actual, es decir, el Interglaciar Riss-Würm o Eemiense, ya que éstas, u otras muy similares que ocuparan sus nichos, habrían sido las que con total seguridad, en mayor o menor número, existirían hoy de no mediar nuestro impacto.
Tomaremos, por tanto, el inicio del Pleistoceno Superior, hace 125.000 años, para centrar en él este análisis rewilding.

Como el ser humano moderno ha sido, sin ninguna duda, actor principal y parte responsable en el proceso de extinción y/o ausencia de los grandes mamíferos europeos, empezaremos con él, para conocer algo más sobre su llegada al continente.










Crédito de imágenes:

Foto 1: Miguel Llabata.
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Foto 3: Imagen libre de derechos de Wikimedia Commons.
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