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jueves, 1 de enero de 2015

GÉNESIS.




Hubo un tiempo, que no fue tiempo, un lugar, que no fue lugar, y un algo, que no fue algo, pues era nada. Allí comenzó una historia, la de un tiempo que olvidamos y la de otro que evoluciona, y una parte de esa historia, queridos lectores, es la que a partir de hoy voy a intentar contar…

Al principio, o al final, o entre tanto (que no sabemos), era la nada. ¡Cuánto nos gusta a los hijos del Cronos Minor medir, acotar, encuadrar, limitar!
Pero entonces, de allí, surgió lo que sí era y lo que sería.
Los humanos hemos denominado a lo inexplicable bajo muchos apelativos, Dios, Caos, Fuerza Suprema, Gran Creador, Ondas Intangibles, Big-Bang, Cosmos, Infinito… ¡Buah!, ¡cuentos por y para humanos!, eso únicamente nos vale a nosotros, y sólo en determinados casos, pues en otros no sirve sino para enfrentarnos.
Pero como lo verdaderamente inexplicable, por definición, no puede explicarse en la mente humana, seguiremos como podamos…¿Por dónde iba?, ¡Ah , sí!, ya recuerdo…
Nacieron así, sin saber de dónde ni por qué (si es que existe el dónde o un por qué), el tiempo y el espacio, y la materia, y el Universo, y los principios o leyes por los que éste parece regirse.


Y ese tiempo absoluto, hijo de Cronos Major, siguió su curso, y se concretó en lo que más tarde hemos ordenado como miles y miles de millones de años, y de él apareció un lugar que nosotros denominamos galaxia, o Vía Láctea, tan blanco y resplandeciente que nuestros abuelos lo creyeron leche derramada de los pechos de una diosa.
Sin embargo, el resplandor lo producían algunas de nuestras madres y padres, pues La Tierra, y cuanto en ella habitamos o permanecemos, no somos sino hijos e hijas de la estrella llamada Sol.
Fue así, como digo, que con el paso del tiempo nació Gea, La Tierra, también nuestra madre, y así fue también que ésta recibió el impacto de Tea, que la fecundó y originó a su vez al satélite que la acompaña, La Luna.


De este modo concibió Gea, con el paso del tiempo, dando lugar en ella a lo que nosotros entendemos hoy como “vida”.
Pero todavía tuvieron que pasar millones y millones de años hasta que La Tierra se pobló de organismos complejos en constante evolución.
Desde entonces, un sinfín de formas “vivas” íntimamente interrelacionadas, un derroche de imaginación de la Naturaleza, se desparramó a lo largo del tiempo y el espacio terrestre, permitiendo que un tipo de vida sobreviviera a otra o hasta facilitara su existencia, en un muy particular juego del ser o no ser (que esa es la cuestión, que decía aquél…).


Se sucedieron así las Eras, y dentro de ellas, los Períodos, y en ellos, las Épocas, a las que nosotros hemos acotado y dado nombre, y fueron pobladas éstas por habitantes (a los que más tarde denominaríamos “especies”), cada uno de su tiempo, como lo fueron del suyo los grandes reptiles o “dinosaurios”.


Pero en La Tierra todo empieza y todo acaba, para dejar paso a lo que vuelve a empezar y vuelve a acabar, en ese mencionado proceso de evolución constante que aún no alcanzamos a dar sentido, y fue de ese modo que desaparecieron aquellos colosos para dejar paso a otros que ya no lo eran tanto, aunque no desmerecían en cuanto a despliegue de biodiversidad.

 
Y así, el tiempo fue jugando a capricho (o no…) hasta alcanzar lo que hoy conocemos como Período Cuaternario.

Cuaternario…¡psé!, no tendría mucho de especial dentro del Todo si no fuera porque en esos últimos e ínfimos 2’5 millones de años aparecieron nuestros primeros “moldes”, o al menos, aquellos en los que no nos cuesta tanto reconocernos.
Este período cuaternario es el nuestro, el que vivimos y desde el que les escribo, pero como ya van imaginando en esta historia, nuestra necesidad de acotar el tiempo queda cada vez más y más reducida y limitada a lo inmediato, para hacerlo comprensible a nuestra particularidad específica, así que también estructuramos y dividimos al Cuaternario con el fin de poder entenderlo mejor.
Fue y sigue siendo el Cuaternario un período de cambios y transformaciones, como cualquier otro, aunque nosotros apenas nos dimos ni nos damos cuenta, ya que sólo nos está permitido percibir físicamente los efectos concretos de los cortos ciclos anuales de los que gozamos como individuos en nuestra efímera existencia, al menos en el plano que asumimos como vida material o tangible.
De este período y sus épocas, y de quienes vivieron y vivimos en ellas, tratará la historia que seguiré contando en este nuevo blog.








Crédito de imágenes:

Foto 1: Public Domain Images.
Foto 2: Public Domain Images.
Foto 3: Archivo libre de derechos de Wikimedia Commons.

Foto 4: Archivo libre de derechos de Wikimedia Commons.
Foto 5: Archivo libre de derechos de Wikimedia Commons.
Foto 6: Archivo libre de derechos de Wikimedia Commons.
Foto 7: Archivo libre de derechos de Wikimedia Commons.

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