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sábado, 17 de enero de 2015

MUNDO REWILDING: EL GRAN NORTE (II).




Contrariamente a lo que pueda pensarse, El Gran Norte ha mantenido buena parte de su fauna, evitando un alto índice de extinción masiva que ha sido mucho mayor en otras áreas del planeta.
Si a ello le sumamos un considerable número de especies, que han desaparecido en muchos o todos los territorios del Gran Norte, pero que se han conservado de uno u otro modo con parientes muy cercanos en otras áreas, y el potencial enorme de estas extensísimas tierras tan deshabitadas, quedamos frente a frente ante una ilusionante circunstancia convertida en reto: Sería muy posible llegar a recrear, a través de un rewilding, el espacio y conjunto de especies, el ecosistema casi pleno, que encontrábamos en éste área hace aproximadamente unos diez mil años.
Veamos unas tablas sobre estas especies significativas, y su rango de hábitat. 
Las especies con barra de color verde aún sobreviven en enclaves determinados del Gran Norte, las que llevan barra de color rojo se extinguieron coincidiendo con paso al Holoceno y llegada del humano moderno.
He decidido acotar tamaño, desde el mamut lanudo hasta el zorro ártico, consciente de que dejo de lado otros mamíferos de tamaño pequeño-mediano que no son tan representativos por cuestiones de hábitat.
No tendré en cuenta al Hombre de Denisova por no conocerse aún demasiado sobre él, y porque, en cualquier caso, como sucedió con neandertal, a través de cruce, o por sustitución, parece que los humanos modernos llegamos para ocupar su sitio.
Si consideran que he olvidado alguna especie de buen porte, ya saben, espero sus apuntes.

Grandes Herbívoros de El Gran Norte.

Algo que no sé si ya he comentado, pero que es de suma importancia, es que una circunstancia clave para entender esta sección pasa por entender que la fauna que va a tratarse en Mundo Rewilding entra, en mayor o menor medida, dentro del rango temporal de coexistencia con el ser humano moderno, especialmente en momentos delicados para aquellas que pudieron verse afectadas por nuestra llegada e impacto.
Como comprenderán, el hecho de que los últimos restos de cierta especie se hayan documentado unos milenios antes o después no significa que esa especie concreta no hubiera podido sobrevivir durante más tiempo. La gran dificultad en el hallazgo de componentes relictos sobrepasa con mucho las de cualquier hallazgo de fauna en general, que ya de por sí, resulta complicado y muy limitado. Por ello, un rango de alrededor de pocos milenios, es perfectamente compatible con esta circunstancia.
Dicho de otro modo, y pongo un ejemplo, hasta no hace demasiado tiempo se establecía la desaparición en Europa del elefante de colmillos rectos en una fecha aproximada de 70.000 años antes del presente, algo que lo alejaría de cualquier incidencia humana en su extinción, al no haber convivido en el espacio y el tiempo. Sin embargo, recientemente se ha tenido la inmensa suerte de documentar restos que prueban su existencia en España y Portugal, sus últimos reductos y refugios meridionales, en fechas datadas entre 40 y 30.000 años antes del presente, en los yacimientos auriñacienses de El Castillo, Cueva de la Silluca o Foz do Enxarrique.

Herbívoros medianos de El Gran Norte.

Por eso resulta de suma importancia caer en la cuenta de que la gran extinción no se produjo a la vez, en un momento concreto, en todas las áreas hoy afectadas por la ausencia de megafauna que aquí vamos a tratar, sino que cada una presenta una realidad singular, asociada a la llegada del humano moderno en distintos períodos, y que esa desaparición debe entenderse siempre como algo dilatada en el tiempo que concebimos los humanos, que sin embargo, es apenas un suspiro en tiempo geológico.
Hablando desde esta perspectiva, cinco o diez milenios, incluso más, entraría perfectamente dentro del ratio para evaluar su desaparición como efecto de la llegada del humano moderno, a la espera de nuevos descubrimientos de restos.
Sigamos pues con el área que hoy nos ocupa, El Gran Norte.
Normalmente, cuando alguien piensa en el rewilding, suele establecer relación con la gran fauna del Pleistoceno, fijándose de inmediato en la más conocida por ser tema recurrente de la literatura o las películas, los grandes mamíferos de clima frío de la última edad del hielo plasmados en el mamut o el rinoceronte lanudo.
Sin embargo, esto no es así en la mayoría de casos, de hecho sólo es aplicable en las muy peculiares condiciones de la Estepa del Mamut que se dieron hasta inicios del Holoceno, puesto que en otras áreas la fauna extinta no era necesariamente exclusiva de épocas frías. Además, en el Gran Norte, dentro de la típica fauna fría, existía un número muy amplio y variado de especies que van más allá del mamut, ocupando diversos nichos disponibles.

Carnívoros de El Gran Norte

Para este territorio concreto, recrear parte de aquellas condiciones, en términos de vegetación, aumentando el medio herbáceo y sus especies, en la tundra y la taiga, permitiendo o fomentando también la existencia de zonas boscosas y pantanosas en algún área que esté provista además de cierto relieve, con ecosistema y nicho de montaña, permitiría un primer paso muy significativo a la hora de comenzar la restauración plena del ecosistema glacial similar a la Estepa del Mamut que habría podido aguantar, como en otras ocasiones, la llegada de mejores tiempos favorables para comenzar una nueva expansión desde su refugio de no haber sido alteradas claramente las hasta entonces siempre presentes “normas o reglas del juego”.
Repartidas por el extensísimo territorio inabarcable del Gran Norte, muchas de aquellas especies animales han sobrevivido en áreas óptimas. Quizás el reto consistiría, una vez recuperado parte del espacio en áreas concretas, en empezar a reunirlas reintroduciéndolas con insistencia y en conjunto, para ver su evolución en términos de relación y dependencia, ampliando y devolviendo a ciertas zonas su plenitud perdida.

Pero, ¿por qué y qué se perdió de aquel legado?.

Llegado el tiempo finipleistocénico los efectos del cambio climático comenzaron a dejarse notar de forma más acusada. En momentos anteriores los humanos habían logrado llegar al sur de Siberia, es posible incluso que algunos hubieran llevado a cabo el conocido como Poblamiento Temprano de América, que algunos investigadores retrasan en fechas hasta hace 40.000 años, con restos datados en yacimientos de Centro y Sudamérica como Pedra Furada y Minas Gerais (Brasil), Valsequillo y El Cedral (México), o Monte Verde (Chile), aunque de ser así, se mantiene que estas migraciones debieron producirse como una navegación circunpacífica, de norte a sur. Algo que todavía ofrece muchas incógnitas.

Mamut y rinoceronte lanudo.

Lo cierto es que durante el máximo glacial de hace 20.000 años, la supervivencia en la zona norteña de Siberia tuvo que resultar casi imposible para el hombre del Paleolítico.
A partir del 15.000 B.P. las condiciones se tornaron mucho más favorables, y aunque el episodio de la caída del cometa Clovis hace unos 12.700, produjo una "momentánea" vuelta a tiempos de frío acusado, la tendencia general hasta entonces era el avance hacia una etapa interglaciar, que seguramente favorecida por los efectos naturales que acarreó la caída del cometa, se aceleró de forma drástica a partir del 11.500, con la entrada al Holoceno.
La fauna  fría comenzó a padecer la reducción de sus hábitats, replegándose hacia zonas favorables donde las especies encontraban su nicho, y éste, pudo ser ya un distanciamiento entre diversos componentes del conjunto global.
Sin embargo, en esta ocasión, el humano moderno emigró lentamente, con el paso de los siglos, siguiendo a la cada vez más acorralada fauna.
Por aquel entonces la Estepa del Mamut todavía estaba presente en buena parte de Siberia, y en ella se podía encontrar equivalencias comparativas en cuanto a nicho y especies como las que todavía hoy encontramos en África.
Mamuts y rinocerontes lanudos eran los pesos pesados, ocupando la estepa fría y los bordes de los bosques boreales, donde se alimentaban de pastos, brotes y cortezas. Estas especies se contaban entre las moldeadoras potenciales de hábitat, pues desbrozaban mediante pisoteo y consumo, manteniendo el medio herbáceo, y mantenían el suelo con sus aportes orgánicos, enriqueciéndolo. Ello permitía la existencia y proliferación de una diversa representación de grandes manadas de especies asociadas al medio herbáceo, desde bueyes almizcleros y renos, hasta bisontes esteparios, caballos, onagros y saigas.

Bisonte estepario, caballos, bueyes almizcleros, reno, onagro y saiga.

Las turberas, y el ecosistema mixto de estepa fría y rodales de bosque, permitían a su vez la presencia de ciervos megaloceros y hasta alces, wapitíes, e incluso uros en las zonas más meridionales.
En los abrigados y recogidos valles de las montañas vivían otras especies menores, como corzos siberianos, ciervos sika, ciervos almizcleros, jabalíes y castores, y en el medio más ligado a la montaña, se daban cita los muflones e íbices siberianos y los gorales.

Megaloceros, alce, wapities, uro, ciervos almizcleros, sika, jabalí, castores, muflón, goral e íbice.

No es de extrañar, pues, que ante tal despliegue de presas, el elenco de carnívoros resultara también de lo más nutrido.
Osos polares, osos pardos, leones de las cavernas (con subespecies como la de Beringia), hienas y lobos, encontraban en la tundra y la estepa fría especies de varios tamaños adaptadas a sus necesidades.
Leopardos, linces boreales, glotones y osos negros asiáticos, además de osos pardos, lobos, y quizás cuones, aprovechaban el medio forestal y montano para encontrar presas de tamaño medio.
Incluso el tigre siberiano, que apareció seguramente durante algún interglaciar en Siberia, había logrado adaptarse a través de la subespeciación a los fríos bosques de la Taiga, donde se alimentaba más o menos de las mismas especies que hoy en día.

Oso polar, oso pardo, león de las cavernas-Beringia, hiena de las cavernas, lobos, leopardo, glotón, oso negro asiático, lince boreal y tigre siberiano.

Allí donde se refugiaron estas especies, donde habrían podido resistir (como siempre) hasta la llegada de una nueva glaciación, se encontraron pues con el humano moderno en ese momento de cambios extremos, de resistencia al límite, y éste, con su pericia, con su capacidad de organización, con sus habilidades como estratega y cazador, alteró con suficiencia las condiciones como para posibilitar ese efecto cascada que, tras esquilmar poblaciones ya muy débiles, en cuellos de botella, arrastró a otras, imposibilitando el mantenimiento y correcto funcionamiento del ecosistema de la Estepa del Mamut.
Así, hace entre diez y ocho mil años desaparecían del norte de Siberia los últimos mamuts y los rinocerontes lanudos. Curioso resulta que, allí donde no arribó el hombre, llegó incluso a sobrevivir una subespecie de mamut hasta tiempos de los faraones, hace menos de 4.000 años, en la Isla de Wrangel, sin embargo...Se descubrieron pruebas de una ocupación humana prehistórica en 1975, en el sitio conocido como Chiórtov Ovrag, donde se encontraron varias herramientas de piedra y marfil, incluyendo un arpón. La datación por radiocarbono puso de manifiesto que la ocupación humana coincidió aproximadamente con los últimos mamuts de la isla, alrededor del 1.700 a. C., aunque no se han encontrado pruebas directas de la caza de mamuts.
Tampoco hay que ser un lince para adivinar qué ocurrió en aquel escenario...



Perdidos los últimos espacios reducto de la Estepa del Mamut, por desaparición de sus moldeadores y mantenedores, al resto de especies les quedaron pocas alternativas. El bisonte supo encontrarlas, adaptándose en un primer momento al bosque, tanto en Europa, como en América. El Caballo, como el onagro y el saiga, sólo sobrevivió en las estepas centrales, los renos quedaron recluidos a tan sólo una parte de su hábitat de ocupación, la tundra, al igual que el buey almizclero, que incluso desapareció de Eurasia, aunque logró sobrevivir adonde el humano llegó muy tarde, en la tundra más norteña de América.
El megaloceros logró superar en mucho la glaciación, acantonado en áreas favorables de Escocia, donde desapareció, una vez más, coincidiendo con la llegada del hombre hace 9.500 años, y al pie de Los Urales, pero incluso allí, y ya en las primeras etapas del Neolítico, desapareció para siempre hace 7.000 años, coincidiendo con una serie de alteraciones en el terreno producidas por los primeros agricultores-ganaderos de la zona.
Leones de las cavernas e hienas, sin sus presas potenciales, y máximos competidores del ser humano, tanto en alimento como en habitación de cuevas, pasaron a mejor vida tras la desaparición del ecosistema herbáceo de la estepa fría, incapaces de adaptarse a la extrema tundra o a los bosques donde sus técnicas de caza en manada eran superadas por lobos, leopardos y tigres, que ya ocupaban el nicho.
El resto de mamíferos fueron también perseguidos, aislados, y quedaron con el tiempo ubicados en las áreas donde aún hoy existen.
Algunas de estas especies lograron atravesar el Puente de Bering, en uno u otro momento del Pleistoceno Superior, alcanzando también el continente americano, donde se encontraron con otros componentes del mismo ecosistema con los que llegaron a compartir hábitat.
Mamuts, algún tipo de caballo, bisontes esteparios, bueyes almizcleros, renos-caribues, wapitíes, muflones, osos polares, osos pardos, leones de Beringia, y probablemente glotones y linces, se cuentan entre ellos.
Pero sin duda, la especie más significativa cuya presencia iba a dejar más huella en el continente recién conquistado, fue, cómo no, la nuestra, el humano moderno.

Este tema, junto al de las especies americanas y la propuesta de un rewilding actual, cerrarán el primer bloque de Mundo Rewilding dedicado a El Gran Norte.









Crédito de imágenes:

Las tablas de mamíferos por ecosistemas de El Gran Norte son imágenes de Miguel Llabata. 
El resto de fotografías y dibujos son archivos libres de derechos de Wikimedia Commons y Public Domain Images.

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